domingo, junio 15, 2008

LA COMUNIDAD HAITIANA EN LA SEMANA DE LA CULTURA EN SANTA CRUZ DEL SUR


Del 16 al 23 de marzo del 2008 se celebró la Semana de la Cultura de Santa Cruz, del Sur, provincia de Camaguey, al oriente de Cuba.

Muchas de las actividades programadas se encaminaron a reflejar la historia, costumbres y, en general, el modo de vida y de trabajo de los residentes en este municipio cubano.

Dentro de todo ese accionar se encontró la presencia y participación de la comunidad de haitianos y sus descendientes que viven en las distintas comunidades de Santa Cruz del Sur.

La presencia de la etnia haitiana en este territorio se origina, fundamentalmente, con la llegada a él en las primeras décadas del siglo XX, de los inmigrantes venidos de Haití hacia Cuba en búsqueda de mejoría económica. Los campos de la caña de azúcar camagueyanos, y esencialmente, los santacruceños, recibieron el esfuerzo, sudor y hasta la sangre de los braceros haitianos utilizados para el corte en condiciones depauperantes.

Algunos sufrieron de la repatriación forzosa implantada por las autoridades cubanas en la década de 1930, pero un número no despreciable de ellos se asentó en diversos lugares del país, en especial, en la región oriental.

LA COMUNIDAD HAITIANA EN SANTA CRUZ DEL SUR

Un grupo de intercambios con representantes de la comunidad haitiana del municipio Santa Cruz del Sur se propició como parte de la Semana de la Cultura en el municipio.

En cada lugar se desarrolló, como temas:

1.- El Proyecto cultural de la comunidad haitiana en Cuba
a.- El reconocimiento de la pertenencia a esta etnia y el realce de la autoestima de los haitianos y sus descendientes en Cuba.
b.- El rescate y conservación del creole, como lengua materna.
c.- La preservación de los hábitos, costumbres y tradiciones haitianas de nuestros ancestros.
d.- El mantenimiento de los valores culturales haitianos, sus cantos, su música y su cultura danzaria.
e.- Mantener la cultura culinaria haitiana.
f.- Conservar el acervo cultural de los remedios y medicina natural haitiana.
g.- Destacar la presencia y participación del haitiano en la historia cubana, los héroes y mártires de esta etnia en los procesos revolucionarios y luchas
sociales cubanos.

2.- La incorporación a la Asociación del Caribe, paso actual como reconocimiento
jurídico a nuestra Asociación de Residentes y Descendientes de Haitianos en
Cuba.

3.- El Censo de El haitiano en Cuba. Características e importancia para todo lo anterior. El conocimiento sobre los oficios y profesiones de los descendientes de haitianos con vista a la colaboración con el pueblo haitiano

Los encuentros fueron los siguientes:

MARTES 18-3-2008

Este día inició el ciclo de intercambios con la comunidad haitiana del municipio Santa Cruz del Sur. El primero de ello ocurrió en el central Haití (antiguo ________).

Representantes de la comunidad haitiana, encabezados por MAXIMO TERRY, y otros integrantes del central depositaron una ofrenda floral ante el busto erigido en el parque del batey a Jean Jacques Dessalines.

Este es el único monumento erigido a Dessalines que se conoce en Cuba. Los descendientes de haitianos y otros ciudadanos del central cuidan de la limpieza y mantenimiento del busto.

Cada año se le rinde tributo a la Revolución haitiana ante el monumento a Dessalines en fechas significativas para la historia de ese pueblo.

En el momento de la visita se coincidió con PABLO PERIBAÑEZ, presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Santa Cruz del Sur, quien realizaba un intercambio con autoridades de la Salud en ocasión de la próxima inauguración de la restaurada policlínica del central.

Varios trabajadores aprovecharon nuestra presencia para tomar fotos. En la primera gráfica estuvieron: LEMER ALBA MIRANDA (médico),MIREYA MONDE ENRIQUE, MAXIMO TERRY, BEBO, FRANCISCO RAMOS, DIDIER TAMAYO, YODILIS HIDALGO y KATHERINE ALVAREZ.

En la segunda foto intervinieron: ALGIDES ARENCIBIA, ONUPI FORRESTIA, PABLO PERIBAÑEZ, GENOVEVO PEREZ, SIBELYS DESIDOR, FRANCISCO RAMOS, MAXIMO TERRY, ANDRES LORENZO y LEMES ALBA.

En la tercera gráfica estuvieron MAXIMO TERRY y MARBELIS MARTINEZ.

Terminadas la ceremonia y toma de fotos nos dirigimos hacia la casa de Máximo Ferry. A pocos metros de la entrada esperaban, portando las banderas cubana y haitiana, un numeroso grupo de haitianos y descendientes de haitiano que, de inmediato, comenzaron a entonar himnos y canciones en creole de bienvenida.

A partir de ese momento se realizaron las interpretaciones de músicas y cantos del rara haitiano y dedicados a los loas. En todo momento, Maximo Ferry dirigió las acciones en el patio delantero, en la pieza bajo techo de guano y en su retirado cuarto de conservación de los íconos y demás figuras y objetos religiosos.

Se intercambió sobre la dedicación de este hombre a hacer el bien, con los conocimientos y prácticas religiosas. Varias mujeres atestiguaron lo logrado en la cura de sus familiares (hijos, hermanos y otros), quienes en su atención médica no se les daba muchas esperanzas, y de cómo se mejoraron y curaron a partir de lo realizado por Maximo.

En su altar se conserva una foto del haitiano JOSE MARTINEZ POLICIS (GABELIS), quien llegó a Cuba muy joven. Fue acogido por José Alfonso Haití y por Ana Joseph Layout. Policis comenzó a practicar sus dotes espirituales y religiosas y alcanzó una fama extraordinaria, ayudado por Andrea, Carmita, Tufí y Porfirio. Falleció a los 98 años y tuvo siete hijos, seis de ellos viven aún, uno en la comunidad La Jagua y el resto en las provincias de Camaguey y La Habana.

Presente estuvo VICTOR RAMOS POL (VICTOR GAMOS POL), haitiano llegado a Cuba a el mismo día de su cumpleaños, el 9 de agosto de 1952, con la intención de trabajar seis meses, en la antigua provincia de Oriente, y regresar a Haití, cosa que no ha logrado aún. Vive en la comunidad Cupertinas.

Máximo entregó una figura tallada en madera que reproduce la figura de un hombre tocando un tambor.

Es una obra del descendiente de haitianos OVIDIO ROLANDO MARSHALL ANDRES, nacido el 5 de julio de 1969 en el central Haití. Hijo de Jaime Marshall Andrés y de Martha. Reside en Caparró y desde sus primeros años de vida sintió inclinación hacia la creación y talla de figuras en madera.

Entonces creaba amuletos, collares, pulsos y les grababa textos o nombres.

En su adolescencia se inclinó también hacia el trabajo en piedras. En el año 1983 y siguientes creó figuras ornamentales y decorativas con este material

Pero la madera era su gran motivación. Así a partir del año 1990 confeccionó imágenes religiosas de Santa Bárbara, Yemayá, Oshún, San Lázaro, la Virgen de la Caridad del Cobre, entre otros.

Fue llamado al Servicio Militar Obligatorio y, tras el cumplimiento de esta etapa se dedicó a perfeccionar su trabajo en la talla en madera.

Ahora confeccionaba figuras relacionadas con sus ancestros y de la cultura haitiana, pero también de indios, cimarrones, africanos y negras pregoneras.

Ovidio siente que todo lo que le rodea le transmite un mensaje de inspiración. Por eso ahora sus creaciones tiene que ver con la belleza de la vida y, como afirma, hasta la propia madera que ha de emplear le comunica qué es lo que debe tallar en ella.

El siguiente lugar fue la casa de ANA JOSHEP LAYOUT (ANITA). Los hijos y nietos nos explicaron el estado deplorable en que se encuentra el hogar, a partir de los daños de ciclones y otros fenómenos. También informaron acerca de las gestiones, infructuosas hasta ahora, con las autoridades del municipio para lograr la reparación necesaria.

La vivienda, con más de 60 años de existencia, es de madera y tiene derrumbada al menos una de sus paredes de madera y descubierta varias porciones de su techo de guano.

Según explicaciones de los familiares, cuando llueve hay que estar mudando camas y muebles de un lugar para otro por las goteras.

Desarrollamos una conversación con Ana, para conocer sus recuerdos de cuando joven, los nacimientos a los que asistió como partera, los dulces y otros alimentos que elaboraba y vendía en los cañaverales entre las dotaciones de braceros haitianos y jamaicanos, así como sus amoríos, de los cuales le nacieron ___ hijos.

El Monumento a los Mártires de Pino 3 fue el siguiente punto del recorrido, lugar en que se conocieron los pasos de la Dirección del Museo y de las autoridades del municipio Santa Cruz del Sur de cara al próximo aniversario del acontecimiento al cual está erigido.

Un emotivo intercambio se realizó en el hogar del haitiano FRANCISCO FLORES FLORES, quien cumple el 12 de abril los cien años de edad. Sus hijas, nietos y demás componentes de su núcleo familiar expresaron su alegría por contar con un hombre de la talla de Francisco.

Para mostrar su buen estado de salud los presentes encendieron una grabadora y reprodujeron en ella una pieza musical de reggaeton. Francisco, sin mediar mucho tiempo, se paró del sillón en que estaba sentado y comenzó a danzar. Así estuvo buen rato hasta que, preocupados por que se fatigara demasiado, pedimos que interrumpieran la música.

Francisco protestó:

“¿Quién quitó la música?”

Y siguió bailando como si nada le agotara al encenderse de nuevo la grabadora.

Se le tomaron varias fotos con su familia así como se le filmó en video mientras bailaba dentro de su hogar.

La jornada concluyó con el encuentro, breve por lo avanzado de la hora, en casa de CLOTED DENIS (FIFINA), en el Batey de Pino 2, en el propio central Haití, Santa Cruz del Sur, Camaguey. La madre de ella nació en Tobek y se crió en Les Cayes, y su padre nació en Port Salut, ambos haitianos.

Ella y su esposo se deshicieron en atenciones para los visitantes. El tiempo alcanzó tan sólo para la toma de algunas fotos, la filmación corta en video y el compromiso de regresar el 22 de agosto para, al día siguiente, estar presentes en los festejos por su cumpleaños y las ceremonias que les realiza a sus loas.

MIERCOLES 19-3-2008

Correspondió el encuentro con los de la comunidad haitiana en el central Cándido González. Se reunieron 94 personas (se adjunta la relación). Se habló de lo que la comunidad haitiana está haciendo en estos tiempos. Varios de los asistentes contaron sus experiencias personales y sus sentimientos de pertenencia a la comunidad.

Varios descendientes tocaron música folklórica haitiana y se entonaron cantos del país de sus ancestros.

Se tomaron fotos y filmaron videos de todo ello, además de grabar las palabras de los participantes.

Especial toma gráfica se hizo con LUIS VANTES BERNAL (de 81 años de edad) quien tiene16 hijos, 13 nietos, 29 biznietos y 27 tataranietos (se adjunta relación de sus descendientes).

Concluida la actividad se visitó la casa del haitiano centenario JOSE SUAREZ MESILLE. Ese día la persona a su cargo no estaba, por lo que no se pudo adelantar en los datos y otros controles sobre él. Está ciego y depauperado. Lo mantienen sin ropa en un camastro.

MARCELLINA TERESA DARROMAN BATISTA es descendiente de haitianos residente en calle Tercera número 16, en el central Cándido González, con los teléfonos (032) 32-3573 en su trabajo, la escuela Ignacio agramante, y el (032) 32-8390, su vecina María Calderón. Ella es defectóloga y como investigadora lleva el tema de La solidaridad presente como valor en la Edad de Oro. Tiene como propósito iniciar otra investigación, esta vez sobre las expresiones del valor de la solidaridad haitiana, para lo cual se plantea desarrollarlo desde el ejemplo del cacique Hatuey y los nexos de los revolucionarios haitianos con Bolívar, Miranda, Aponte, enla gesta cubana y hasta nuestros días.

Refiere algunos datos sobre sus antepasados: Su abuelo materno se llamó Salomón Batista y falleció en 1950. Su abuela materna se llamó Esperanza Julio y falleció en 1996. Ellos llegaron a Cuba por el Sur de la antigua provincia de Oriente y se asentaron por el río Cauto alrededor del año 1920. Su bisabuela paterna se llamó Francisca y procedía de Haití. Su abuelo paterno procedía de Africa y era congo mandinga. Se asentaron por Alto Songo. Su abuelo paterno, de apellido Montes de Oca y también por Alto Songo, tuvo 56 hijos con 13 mujeres. Participó en la llamada Chambelona. Su abuela paterna se llamó Marcelina Darroman Glaciar. Su padre se llamó Félix Celestino Darroman y murió a los 95 años. Su mamá, Teresa Batista Julio, nació en Santa Cruz del Sur en 1933 y era la cuarta hija de los abuelos.

JUEVES 20-3-2008

La Caobita fue el lugar seleccionado para esta jornada.

En el local social dedicado a la televisión y otras actividades se proyectó el video filmado al grupo folklórico Ocay, de este lugar.

El grupo se constituyó en el año 1981y su actual director es DIOSARIO RIVERON DIAZ.

Lo integran 26 mujeres y hombres descendientes de haitianos residentes en La Caobita, que han participado en festivales, tanto municipal como provincial,

Ellos interpretan música de sus ancestros en el idioma materno, el creole, y ejecutan bailes típicos. Vodú, Mazún, Merengue, Congó y otros forman parte de su repertorio.

Un interesante intercambio de impresiones se efectuó este día. Los componentes del grupo Ocay expresaron las dificultades por las que atraviesan para mantener y desarrollar sus actividades: la falta de instrumentos musicales –tambores, esencialmente-, no disponer de un local apropiado para sus ensayos, el no acceso a presentaciones del grupo más allá de las fronteras del municipio o de la provincia de Camaguey, la falta de sistemático asesoriamiento coreográfico, entre otros problemas.

Manifestaron su respaldo a la Revolución, por lo cual enviaron un saludo y felicitación al General de Ejército Raúl Castro Ruz, a la vez que expresaron sus deseos por el pronto restablecimiento de Fidel.

Se le orientó a la dirección del grupo que trabajara en la creación de un expediente artístico que le permitiera presentarlo en lugar apropiado con la argumentación suficiente para el reconocimiento de ellos como un grupo Portador de la cultura haitiana.

Varias mujeres (SANTA BERNAL –TUTA-, CARMEN AMALIS GARCIA, ROSA TERRY, JUANA MARTINEZ y EULOGIA ALVAREZ RUIZ) prepararon una muestra de dulces y comidas típicas haitianas: bombon, coco en lonjas, ton ton, dulce de maní, calalú, congrí con frijol Caballero, verdolaga, col, -chu cocinada-, col fresca, chimi mays, además de varias bebidas: liqué, refresco, aguardiente.

El intercambio cerró con música y cantos interpretados por integrantes del grupo.

VIERNES 21-3-2008

Luego de varias horas de espera, un conjunto de residentes de La Jagua, entre descendientes de jamaicanos y haitianos, intercambiaron con los visitantes de La Habana y del propio municipio Santa Cruz del Sur.

La docena de descendientes de ambas etnias (ver relación adjunta) expresaron sus vivencias como tales, las enseñanzas de sus padres, las costumbres, los mitos y demás recuerdos de sus ancestros.

Fueron fotografiados y filmados en video así como fotocopiados algunos documentos de sus padres y familiares que mostraron a los visitantes.

SABADO 22-3-2008

Este se realizó un encuentro general de la comunidad haitiana de Santa Cruz del Sur en la Casa de los Combatientes, en la cabecera municipal.

Asistieron de las distintas zonas de asentamientos de haitianos y sus descendientes y se efectuó la degustación de dulces y comidas típicas haitianas:

- cogri pu rus o congrí de frijoles colorados con maní
- dus soray o dulce de casco de naranja
- pe mai ac coc o pan de maíz con coco
- dus pstach a gre o dulce de mani en grano
- dus bombo o bombón haitiano
- berejen ac bian cocho o berenjena con carne de puerco
- tom tom o fufú de viandas
- calalú ac vian cocho o quimbombó con carne de puerco
- dus pistach mule o dulce de maní molido con azúcar parda
- sam sama c pistach o pinol con maní
- dus coca c sic bla o dulce de coco con azúcar blanca
-dus coc lonj o dulce de coco en lonjas
- pe patata c coc o pudín de boniato con coco
- cogrí puat chus o congrí de frijol Caballero
- dus coca c sic mué o dulce de coco con azúcar parda o prieta
- cogrí pistach o congrí de maní
- cogrí puat congo o congrí de frijol gandul
- coc a loj o coco en lonjas
- liqueur o licor haitiano

Un jurado determinó los mejores, y se entregaron reconocimientos a los ganadores.

Los grupos folklóricos haitianos cantaron y bailaron en la tarde de este sábado.

Momento especial lo constituyó la presentación del libro De dónde son los cubanos, con la presencia de Raimundo Gómez Navia, uno de sus cuatro autores.

EL CENSO DE EL HAITIANO EN CUBA

Itelia, la mamá de Sibelys Desidor, facilitó los listados que tenían confeccionados sobre los integrantes de la comunidad haitiana en el municipio Santa Cruz del Sur, previo a la labor del Censo de El haitiano en Cuba que acometerán.

Recibieron en esta oportunidad el grupo de planillas del Censo para esta acción. Ellos reproducirán las planillas de acuerdo a su necesidad.

Según el listado que entregaron, en los sitios donde hicieron el control hay 713 haitianos y descendientes:
Cant. Por ciento
Haitianos autóctonos 2 0,2%
Hijos de haitianos 130 14,2%
Nietos de haitianos 225 24,6%
Biznietos de haitianos 213 23,3%
Tataranietos de haitianos 66 7,2%
Chosnos 2 0,2%
Sin especificar parentesco 277 30,3%
Total 915 100%

Les falta controlar parte del municipio cabecera y una o dos zonas mas.

LOS HAITIANOS CENTENARIOS

Según Sibelys los haitianos centenarios que quedan en Sant Cruz del Sur son:

JOSE SUAREZ MESILLE. Nació el 12 de abril de 1902. Cumple 106 años. Vive en Cayo Confite número 2, Central Cándido González. Está muy delicado de salud.

FRANCISCO FLORES FLORES. Carne de identidad de Extranjería: 08041102928, Hijo de Federico y de Emilia, haitianos, Vive en: Batey Pino 3 s/n, central Haití, Santa Cruz del Sur, Camaguey. Cumplió los 100 años de edad el 12 de abril del 2008. Vive al lado del monumento a los Mártires de Pino 3. Se le fotografió y filmó en video. Bailó al compás de un reggaeton.

ANA JOSHEP LAYOUT (ANITA) Vive en Pueblo Nuevo número 4, Central Haití, Santa Cruz del Sur, Camaguey. Según sus documentos de Extranjería tiene 96 años. Pero los testimonios de quienes la conocen atestiguan que posee más edad. Uno de ellos, Guillermo Díaz, afirma que su madre, de 86 años, le comunicó que fue amamantada por ANA, y ello no es posible con sólo diez años de diferencia de edad. Por lo tanto, ella debe estar entre los 110 y 115 años. Se le tomaron fotografías y se le filmó en video.

Ana llegó a Cuba a la edad de 12 años. Se dedicó a trabajar haciendo pan y dulces para vender.

Fungía como la partera en el poblado del central y sus alrededores. También amamantó a niñas y niños cuyas madres no podían hacerlo.

Cooperó con la Revolución de distintas maneras en tiempo de la insurrección.

Ahora dispone de una chequera de Seguridad Social con 164 pesos mensuales.

El haitiano de apellido SANCHEZ LORA Tiene 98 años. Reside en el Hogar de Ancianos, donde no se logró después de varias gestiones porque no se tenía la autorizaciócorrespondiente para ello. Está ciego.

domingo, abril 20, 2008

PASOS ORGANIZATIVOS DE LA COMUNIDAD HAITIANA EN CUBA

Desde mediados del año 2007 los haitianos y sus descendientes en Cuba realizan las coordinaciones pertinentes para sumarse a la Asociación del Caribe como su organización oficial y reconocimiento legal.

Así se ha decidido para todos los integrantes de la comunidad haitiana en Cuba.

La historia de esta etnia en la Mayor de las Antillas data desde prácticamente la formación del país, incluso desde antes de la llegada europeos al Nuevo Mundo, denominado por algunos como el “descubrimiento”, ya que los nativos originarios de Haití, como le llamaron en lengua araucana al “país de altas montañas”, habían emigrado y asentado en Cuba.

Los colonialistas españoles se encargaron de arrasar con los aborígenes, tanto allí, en la isla llamada por ellos como La Española, como en Cuba, todo por el afán de riquezas a extraer en ambos territorios.

Importaron a los negros africanos en uno y otro lugares, dando comienzo a esa negra etapa de la historia de conquista y colonización en América, la esclavitud, durante la cual miles, millones de hombres y mujeres del continente africano perdieron la vida, entregaron su sangre y sufrieron de tanto atropello.

Haití fue ocupada poco a poco de otros elementos europeos, predominando los franceses, los cuales, mediante tratado de su país con España, se adueñaron de esta región.

Se formó en Haití, como parte de todo este proceso, una nueva comunidad, predominantemente francesa y africana, originaria del franco-haitiano.

La Revolución triunfante de los esclavos, en el periodo de 1790 a 1804, originó el éxodo hacia Cuba y hacia otras partes del continente americano de centenares y miles de franceses propiamente y de los franco-haitianos, formando así la segunda emigración hacia la Mayor de las Antillas desde Haití.

La llegada, asentamiento y participación en todos los aspectos de la vida en Cuba, fue dándole un fuerte vínculo al elemento haitiano-cubano.

Un siglo más tarde, con el papel preponderante del naciente imperio norteamericano en Cuba, se produciría la tercera y mayor de las oleadas de inmigrantes procedentes de Haití. Empresas y magnates azucareros norteamericanos, cubanos y otros produjeron la entrada masiva en la Isla de otro manera de esclavitud: los braceros antillanos, mayoritariamente haitianos, para el corte de la caña de azúcar en los campos cubanos.

Así no menos de medio millón de haitianos fueron trasladados a Cuba como fuerza de trabajo barata y sometidos a todo tipo de explotación.

La historia escrita por los burgueses nacionales y extranjeros no recoge en toda su dimensión el horrendo pasaje de explotación, vejámenes y discriminación a que estuvo sometido esta etnia durante las seis largas décadas de presencia suya en la denominada República de Cuba.

No obstante, en cada momento el oriundo de Haití supo enfrentar la situación en Cuba y participar heroicamente en todos los procesos sociales y de liberación popular. Así lo marcan los ejemplos del Cacique Hatuey, en tiempos de la conquista y colonización, las dotaciones o individualmente de esclavos haitianos incorporados a las tropas insurrectas o mambisas durante las Guerras de Independencia cubana, los trabajadores y dirigentes sindicales haitianos en las luchas obreras, y los combatientes haitianos y sus descendientes participantes en el Ejército Rebelde en la última etapa de la liberación cubana en la década de 1950.

Haití, para entonces, estaba sometida a la sangrienta dictadura de Francoise Duvalier, lo que originaba el éxodo de miles de personas hacia diversos países, Cuba entre ellos, con lo que se efectuó una cuarta forma de emigración de haitianos hacia la Mayor de las Antillas: por motivos políticos.

Con el advenimiento de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959 se propició por los componentes revolucionarios y progresistas de los haitianos y sus descendientes radicados en Cuba la creación de una Asociación que les agrupara y les facilitara el intercambio entre sus coterráneos.

Así, a principios de los años de 1960 se constituyó una Asociación de Residentes Haitianos, a cuyo frente estuvieron destacadas personalidades residentes en Cuba.

Sus primeras acciones estuvieron encaminadas a la aglutinación de los elementos progresistas que luchaban contra Duvalier, tanto los que consideraban como necesario desarrollar el enfrentamiento armado como los que propugnaban otros métodos de enfrentamiento a la dictadura.

Durante varios años se mantuvo funcionando esta Asociación hasta caer en un impass, en correspondencia con las personas que asumían o no su dirección.

A la altura de febrero de 1991, y paradójicamente cuando el país entraba en un proceso de depauperación de las condiciones económicas, política y sociales, llamado Período Especial, originado por la caída de la Unión Soviética y demás países del campo socialista de Europa, se efectuó una nueva revitalización de la Asociación, asumida esencialmente por descendientes haitianos nacidos en Cuba, y cuyo eje inicial se desenvolvió en la capital del país y después se extendió al resto de las provincias, esencialmente, en la región oriental.

Las acciones desarrollada por el conjunto de dirigentes y activistas de la Asociación en esa etapa fue la de rescatar la autoestima entre los descendientes haitianos, lograr que los propios miembros de esta etnia realizaran el reconocimiento público de ellos como descendientes de haitianos y no de “franceses”, o la negación de su condición como muchos acostumbraban a declarar.

Muchas décadas de discriminación y explotación sufridas en la llamada República hasta el 1959 hacían aparecer al haitiano y a sus descendientes como la última de las categorías sociales, económicas y de toda naturaleza en Cuba.

El haitiano y sus descendientes eran discriminados no sólo por su condición de pobre, como una de las únicas etnias en Cuba que no contaba con medios de producción propios, recursos naturales u otros objetos de riqueza material, sino también por ser extranjero y no dominar bien la lengua española.

Los discriminaban los cubanos blancos y de otra pigmentación de la piel pero, peor aún, los discriminaban por los propios negros cubanos que preferían ver muertas a sus hijas antes que casadas o en relaciones amorosas con un haitiano o sus descendientes.

En número reducido acudían a las escuelas los niños y, sobre todo, las niñas, descendientes de haitiano, y eran objeto de burlas por su manera de vestir, de peinar o de hablar el español. Despectivamente se les llamaba “pichón de haitiano”.

El creole, la lengua materna de sus padres, era hablado por ellos a lo interno de sus hogares y no en público, para tratar de esconder su origen haitiano.

Por tales circunstancias, a pesar de la acción liberadora de la sociedad originado por la Revolución Cubana, treinta años después de aquel Primero de Enero aún subsistían en las mentes y en las vidas de numerosos descendientes de haitianos los rezagos discriminatorios de épocas pasadas, y preferían ocultar o no exponer en público su ascendencia haitiana.

El Grupo Gestor de la Asociación de Residentes y Descendientes Haitianos en Cuba (ARDHC) se dio a la paciente tarea de contrarrestar estos prejuicios y atraer hacia su seno a los haitianos y sus descendientes en el país.

La labor consecuente, diaria y sistemática de ellos, junto al cada vez mayor panorama de rescate cultural que propiciaban las instituciones del país, fueron calando en una cada vez mayor número de personas que se sumaron al propósito de llegar a tener una Asociación propia de haitianos y sus descendientes, por demás una de las pocas, sino la única agrupación en Cuba de una etnia mayoritariamente de pigmentación de la piel negra.

El 10 de febrero de 1991 tuvo su fecha de reactivación como una agrupación sociocultural y el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) fungió como el órgano de relación., y en todo instante brindó una esmerada atención y apoyo a los propósitos de la Asociación.

Además de la labor proselitista entre los haitianos y sus descendientes en el país, el Comité Gestor inició un grupo de actividades propias sobre la cultura haitiana, tal y cuales fueron una conferencia del escritor y director de cine Rassoul Labuchin sobre Haití su economía y desarrollo social, la primera, y un encuentro con los periodistas y otras personas que concurrieron a la toma de posesión del presidente Jean Bertrand Aristide.

Desde un primer momento se fijó el rescate de las tradiciones históricas de Haití, sus costumbres y su folklore, el empleo del creole y otras tradiciones.

Las “Tardes haitianas” se convirtieron en un medio para el intercambio informativo y cultural de esta comunidad, a la vez que se desarrolló una sistemática atención a la familia de los fallecidos y otras acciones sociales.

Se conmemoran y celebraron las efemérides haitianas y se abrieron aulas para la enseñanza del creole.

El reencuentro familiar es una de las líneas de trabajo del Asociación.

Un ejemplo de participación activa respecto a los problemas concretos del país fue la constitución y resultados de una Brigada de Trabajo Voluntario de sus asociados y de haitianos estudiantes en Cuba o refugiados que, por espacio de 15 días en dos años consecutivos participaron en áreas agrícolas en apoyo al Programa Alimentario. La Brigada se denominó Emilio Bárcena Pier, en homenaje al descendiente de haitianos participante en la guerra de liberación revolucionaria y caído en combate.

Otra evidencia lo fue la constitución de la primera cooperativa agropecuaria haitiana en Cuba, en el municipio de Florida, provincia de Camaguey, una parte de cuya producción se destinó al apoyo alimentario de Círculos Infantiles y Hogares de Ancianos de aquel territorio.

También miembros de la Asociación contribuyeron con su labor voluntaria en la construcción de la Villa Panamericana, al este de la capital.

Como parte de la labor de la Asociación estuvieron las acciones realizadas por la comunidad con los refugiados haitianos llegados a Cuba.

En la medida en que se fue fortaleciendo como organización, y que sus actividades fueron cada vez más difundidas y trascendidos sus contenidos, se propició un movimiento de identificación y acercamiento a la Asociación de haitianos residentes y sus descendientes en Cuba.

Sus filas se incrementaron tanto en Ciudad de La Habana como en las otras provincias, lo que originó la necesidad de estructurar el Comité Gestor en filiales. Así se crearon las filiales de Matanzas, Florida, Morón Ciego de Avila, Camaguey, Esmeralda, Santiago de Cuba y Guantánamo, como las primeras, y propugnándose la constitución en otros lugares como Amancio Rodríguez, Las Tunas, Holguín, etc.

Con el incremento del turismo en Cuba se originó igualmente una arribazón mayor de ciudadanos haitianos residentes en Estados Unidos, Canadá, Francia y en otros lugares, los que se comunicaron con la comunidad en el país y fueron atendidos por ésta.

También se propició el intercambio de la Asociación con comunidades haitianas residentes en otros países.

La comunidad ha promocionado la creación y apoyado la constitución de grupos folklóricos de descendientes de haitianos en Cuba, tanto en la capital como en el resto del país.

El Gobierno de la capital le entregó un local al Comité Gestor para que se reparara y convirtiera en la futura Casa de la Cultura Haitiana en Cuba, a la vez que sede de la Asociación de Residentes Haitianos y sus Descendientes.

Fueron invitados oficialmente directivos del Comité Gestor y por primera vezen 1995 una delegación de la comunidad haitiana en Cuba visitó Haití. También se produjeron visitas a Canadá.

Desde el 1994 el Comité Gestor inició los pasos para la inscripción oficial de la Asociación en los órganos de justicia del país. Hasta ese entonces primaba el criterio en el ICAP de que, como este organismo era el órgano de relación de la Asociación, no se necesitaba una inscripción oficial ante el Ministerio de Justicia.

Se elaboraron los proyectos de Estatutos, Reglamentos y demás documentos solicitados para la inscripción como Asociación y e presentaron ante el Ministerio de Justicia.

El Comité Gestor y la comunidad en su conjunto organizaron y desarrollaron en la capital el Primera, Segunda y Tercera Semanas de la Cultura Haitiana en Cuba, durante los años 1993 (del 3 al 9 de enero), en 1994 ((primera quincena de enero), y en 1995 (25 de junio al 2 de julio), en los que participaron numerosos grupos folkóricos del país portadores de la cultura haitiana, así como artistas haitianos de Estados Unidos y Canadá que actuaron durante ambas semanas de festejos.

La Asociación, que hasta diciembre de 1995 se denominó Asociación de Residentes y Descendientes de Haitianos en Cuba (ARDHC) pasa a llamarse en lo adelante como Asociación de Haitianos y sus Descendientes en Cuba (ADHC), según se acordó en el Primer Encuentro de la Asociación con sus filiales en las provincias.

El Día Internacional del Creole, instituido en 1979 en las Isla Seychelles, y que se festeja anualmente en todas las regiones del mundo donde se habla este idioma, se celebró por primera vez en Cuba por la Asociación el 29 de octubre de 1996 en el ICAP, como parte de las actividades por el Día de la Cultura Cubana (20 de octubre).

En el año 1997 el Comité Gestor recibe la orientación de que por decisión oficial del país, hasta tanto no estuviera inscrita en el Registro de Asociaciones, del Ministerio de Justicia, no estaba autorizado a realizarse más actividades de la comunidad haitiana como tal.

Tal y como hasta el momento venía ocurriendo, el Comité Gestor fue fiel celador de la Legalidad Socialista y suspendió, desde entonces, toda actividad oficial como Asociación.

Parejamente dio los pasos para que se acelerara lo que ya hacía un tiempo largo había presentado ante las autoridades correspondientes: la solicitud de inscripción ante el ICAP, como Organo de Relación, y el Ministerio de Justicia.

Vendría, al año siguiente, una etapa fatídica en el Comité Gestor, en la Asociación y en la comunidad haitiana en Cuba.

El principal directivo del Comité Gestor se apareció con la propuesta de crear otra asociación con destino al seguimiento del creole en el país, con la participación exclusiva de personas de estudios superiores.

Esta idea fue rebatida y considerada una locura, por cuanto esta lengua en Cuba era practicada sólo por los haitianos y sus descendientes, de los cuales la inmensa mayoría de los autóctonos eran iletrados o de muy bajo nivel escolar y, lo más importante de todo, que ya la propia Asociación de Haitianos y sus Descendientes en Cuba (ADHC),
no solamente tenía entre sus objetivos la promoción del creole en el país, sino que era parte intrínseca de su contenido como organización. Que la idea propuesta generaría la división en la comunidad haitiana.

Las desavenencias originadas desembocaron en un agrio intercambio de acusaciones y refutaciones por parte del principal directivo del Comité Gestor y un grupo de seguidores contra el resto de sus integrantes, y una acción recíproca de estos contra aquel.

Se decidió suspender al individuo que ostentaba el cargo de Presidente y nombrar sucesivamente a otras personas que desempeñaran esas funciones.

Lo peor de todo es que, por una actitud inadecuada del antiguo Presidente, este problema trascendió y fue mostrado por él en un intercambio que provocó con el recién electo Presidente de Haití, Rene Preval, en la sede de la Embajada de ese país en Cuba.

Toda esta situación generó, como se había advertido, una frustrante división entre la comunidad haitiana en el país, y en su seno comenzaron a surgir iniciativas de creación de la Asociación distinta a la original, con sede en Guantánamo, Camaguey u otros lugares.

El Comité Gestor continuó, en todos estos años transcurrido hasta la fecha, propiciando la elevación de la autoestima entre los haitianos y sus descendientes en Cuba, estimulando el rescate y desarrollo de la cultura haitiana en el país, atendiendo el reencuentro familiar, promoviendo líneas de acción solidaria y proyectos de colaboración con el pueblo haitiano, y gestionando la unidad en el seno de la comunidad haitiana –incluso, con aquellos que tomaron otro derrotero y fomentaron la división-.

La Dirección del país decidió no autorizar el reconocimiento de más organizaciones no gubernamentales en el país y, como parte de ello, fortalecer la agrupación en la Asociación del Caribe de todos aquellos oriundos o descendientes de las islas y zonas de esta región.

Hasta este momento y durante los últimos diecisiete años, los inmigrantes haitianos y sus descendientes nacidos en Cuba habían laborado para crear una Asociación propia.
Asociación de Haitianos y sus Descendientes en Cuba (ADHC),

El Comité Gestor de la Asociación de Haitianos y sus Descendientes en Cuba (ADHC),
fiel a sus votos por la Revolución Cubana, acata esta decisión y estimula a sus integrantes y a la comunidad haitiana en el país a inscribirse en la sede central y filiales de la Asociación del Caribe, proceso que se desarrollará paulatinamente durante el presente año 2008.
MIEMBROS DEL CONSEJO DE ESTADO ELEGIDO EL 24 DE FEBRERO DEL 2008

El 24 de febrero de 2008 culminó el proceso eleccionario en Cuba con la composición del Consejo de Estado.

Entro de los diputados electos a este órgano se encuentra varios descendientes de haitianos (mujeres y hombres) elegidos desde el barrio por los vecinos de sus cricunscripciones.

Asi se muestra, una vez más, el nivel de reconocimiento alcanzado por los componentes de esta etnia dentro de la actualidad cubana.

He auí los miembros del Consejo de Estado electo:

DIPUTADO
CARGO NOMBRE Y APELLIDOS POR
PRESIDENTE Castro Ruz, Raúl II Frente
PRIMER VICEPRESIDENTE Machado Ventura, Jose Ramón Guantánamo
VICEPRESIDENTE Almeida Bosque, Juan S. de Cuba
VICEPRESIDENTE Colomé Ibarra, Abelardo Contramaestre
VICEPRESIDENTE Lage Dávila, Carlos Aurelio Plaza
VICEPRESIDENTE Lazo Hernández, Juan Esteban A. Naranjo
VICEPRESIDENTE Casas Regueiro, Julio Encrucijada
SECRETARIO Miyar Barrueco, José Miguel 10 de Octubre
DEMAS MIEMBROS
Balaguer Cabrera, José Ramón S. de Cuba
Betancourt Téllez, Iris Manzanillo
Fernández Retamar, Roberto Playa
Herrera Martínez Luis S
Saturnino Santa Clara
Lugo Fonte, Orlando G. de Melena
Pérez Roque, Felipe Ramón A. Naranjo
Sáez Montejo, Pedro Playa
Valdés Menéndez, Ramiro Artemisa
Soberón Valdés, Francisco S. Spíritus
Valenciaga Díaz, Carlos
Manuel San José
Acosta Brooks, Surina Contramaestre
Armenteros Mesa, Regla DayamíSanta Clara
Cintra Frías, Leopoldo A. Naranjo
Chapman Waugh, Inés María Frank País
Concepción González, María
del Carmen C. del Sur
Ferrer Gómez, María Yolanda Pinar del Río
García FríasGuillermo Pilón
León Silveira, Tania Colón
López Miera, Alvaro Colón
Martínez Ramírez, Julio Chambas
Montano Perdomo, Dignora S. Spíritus
Rabilero Fonseca, Juan José,
Coordinador Nacional de los CDRS. de Cuba
Valdés Mesa, Salvador AntonioS. Cruz del Sur

sábado, abril 19, 2008

CONSTRUYEN RUTA DEL CAFE EN EL ORIENTE CUBANO
JOSÉ ANTONIO TORRES
TOMADO DE GRANMA DIGITAL (HTTP://WWW.GRANMA.CUBAWEB.CU/2008/04/18/NACIONAL/ARTIC08.HTML)
SANTIAGO DE CUBA.— Las ruinas de los antiguos cafetales franco-haitianos enclavados en la Sierra Maestra son enlazados a través del proyecto La Ruta del Café que auspicia la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en países donde el florecimiento de este cultivo fue significativo a escala universal.


SEGÚN LAS EXPEDICIONES ARQUEOLÓGICAS EL CAFETAL FRATERNIDAD ES UNO DE LOS MÁS CONSERVADOS.
Se trata de conectar por senderos transitables a 170 de los más 250 cafetales construidos entre finales del siglo XVIII y principios del XIX en el oriente cubano, donde se conservan algunas vías abiertas por colonos y negros esclavos para transportar las producciones en medio de la abrupta topografía del principal macizo montañoso del país.
La obra, que ejecutan los especialistas de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba y de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Oriente, permitirá divulgar elementos del proceso agroindustrial del café diseñado por los hacendados franceses refugiados en esta región luego de la Revolución Haitiana de 1791, y podrá ser visitada por estudiantes y turistas.
Yaumara López, experta de la oficina del conservador de la Ciudad Héroe, declaró que al igual que los proyectos La Ruta del Esclavo y del Azúcar, el relacionado con el café tiene repercusión cultural pues ahonda en factores étnicos, económicos y sociales ligados a ese proceso migratorio y a las formas y medios que perpetuaron la esclavitud en América.
En la actualidad, dijo, entre 15 y 20 especialistas integran el equipo multidisciplinario que labora en tres rutas fundamentales, destacándose la de El Caney que hasta ahora no había sido estudiada y es donde se encuentran los cafetales más antiguos.
Otras labores y expediciones se llevan a cabo en zonas de Ramón de Las Yaguas, Songo-La Maya y las cercanías de Guantánamo, sitios donde se realizan estudios estructurales y arqueológicos para concluir la ubicación de los inmuebles y solidificar la estructura de algunas ruinas de gran interés patrimonial.
Por sus valores la UNESCO declaró las ruinas de los cafetales franceses de la Gran Piedra, Patrimonio de la Humanidad, en su acepción de paisaje arquitectónico.
Para bien de la historia regional ya se yerguen al igual que el cafetal La Isabelica, uno de los más conservados del continente, otras ruinas e instalaciones que como el cafetal Fraternidad muestran las huellas que marcaron las relaciones económicas y sociales de la cultura americana.

domingo, noviembre 11, 2007

CELEBRAN DIA INTERNACIONAL DEL CREOLE EN CUBA
Por Raimundo Gómez Navia

La presencia del creole entre la diversidad idiomática cubana fue festejado en la Casa de la Cultura de La Habana Vieja, en la capital de la mayor de las Antillas, por una nutrida representación de la comunidad haitiana residente en Cuba.
Cada 28 de octubre se celebra el Día Internacional del Creole, declarado como tal desde 1979 en las Islas Seychelles. En Cuba se comenzó a celebrar este día desde el 1996.
Rosita Jean, cantante descendiente de haitianos y primera persona que interpretó en creole ante la radio y la televisión cubanas, recibió especial homenaje en esta ocasión.
El creole, se oyó en la radio y en la televisión cubana por primera vez en la voz de “La Haitianita”, como fue bautizada esta cantante de números románticos surgida casi de la nada y hasta el estrellato en los primeros años de la década de 1950.

De manera temeraria, con apenas varias semanas llegadas a estos medios como aspirante a cantante, y ganadora de competiciones para tal fin, la descendiente de padre y madre haitianos hizo honor al lenguaje de sus ancestros.
Desde sus primeras presentaciones interpretaba boleros en español y los terminaba en creole. Entonces le comenzaron ofrecimientos de contrato en night club,cabarets y otros centros por la calidad vocal demostrada.

Aquejada por algunas dolencias corporales decide jubilarse en la década de 1980 y, desde entonces vive de los recuerdos de lo que significó su voz, las letras de sus canciones románticas y de bolero, su interpretación en creole y su figura en el país.
El doctor Jean Maximus Bernard, consejero cultural de la embajada de Haití en Cuba presente en el homenaje, declaró que los valores reflejados en la vida de esta mujer se destacan por su sencillez y constancia a favor de la presencia e idiosincrasia de sus ancestros.

La celebración del Día internacional del creole contó con un espectáculo presentado por un grupo de descendientes de haitianos, la muestra fotográfica sobre la vida de Rosita Jean, la audición de un disco con su voz, la narración de sus anédoctas y la interpretación por ella de varias canciones en creole.
La historia del creole como medio de comunicación data desde los siglos XVI y XVII, entre los esclavos africanos traídos al Nuevo Mundo y los amos europeos colonizadores. Fue una mezcla de varios dialectos africanos con el español, el inglés y el francés, de acuerdo con la zona de asentamientos de los interlocutores.

En Haití, la fusión se produjo con el francés. El éxodo por la revolución haitiana en el periodo de 1791 a 1804, y posterior inmigración por motivos económicos, introdujo el creole en Cuba como una forma alternativa de comunicación.
Los cafetales fueron el principal escenario de esta forma de hablar entre los esclavos y luego trascendió hacia las plantaciones cañeras y los centrales azucareros. Las huestes mambisas conocieron también de este lenguaje
durante el desarrollo de la Guerra de Independencia.

Se le conoció como patuá, término despectivo adicional de discriminación hacia sus hablantes.

En Cuba llegó a convertirse en la segunda lengua más hablada, debido al alto número de inmigrantes haitianos y sus descendientes en el país. Cada vez más los cubanos fueron accediendo a este lenguaje para su intercomunicación con los haitianos, y llegaban a hablarlo, entenderlo con dificultad o a estar de alguna manera familiarizados con algunos vocablos.
Está muy difundido en las provincias orientales, aunque también se habla en Camaguey y Ciego de Avila, y en menor medida en Ciudad de la Habana y demàs provincias, según la presencia de haitianos y sus descendientes.

miércoles, octubre 24, 2007

JOSE A. MARTINEZ ALCANTARA, EL INTERNACIONALISTA (22-10-2004)

Significó mucho para mí cumplir la misión a la que me mandó la Revolución en Angola, como combatiente reservista.

Allí libré acciones directas combatiendo al enemigo de ese pueblo africano, pagando, como ya se ha dicho por Fidel Castro, esa deuda moral que tenemos los cubanos con los hijos de Africa que fueron arrebatados por la fuerza por los colonialistas, y traídos como esclavos tanto para Cuba, como para Haití y las demás zonas del Nuevo Continente.

Soy trabajador de la empresa ECOI-18, de Florida, Camaguey, en el Contingente Julio Sanguily. Antes trabajé en la Empresa de Cultivos Varios de Florida, en la que dediqué parte de mi juventud, participando directamente en labores de construcción.

A lo largo de los años he participado en la construcción de muchas de las escuelas y viviendas que hoy cuenta este municipio de Florida.

Soy hijo de haitianos. Mi padre se llamaba Medeise Almazan y le decían Chode. Nació en O Cayes. Mi abuelo, Camile Almazan , también de O Cayes, vino hacia Cuba en 1902, después regresó a Haití e hizo un par de viajes más a Cuba.

En 1948 vinieron a Cuba y entonces, se quedaron aquí. Se establecieron en Palma Soriano, provincia de Santiago de Cuba, para la recogida de café. Después se trasladaron hacia la colonia Santiago Pérez, en el actual municipio Carlos Manuel de Céspedes, provincia de Camaguey, donde se incorporaron al corte de caña y otras labores agrícolas como la chapea, surque de caña y otras tareas.

Mi padre se casó con mi mamá, una cubana, en Vega Honda, en Palma Soriano, antigua provincia de Oriente. Después se mudaron para Florida, en Camaguey.
Nací en 1955.

Ellos me dieron una educación que fue más allá de la que recibí en la escuela. Me prepararon para la vida, para el trabajo. Mi padre me enseñaba ha hablar en creole y me insertó en los primeros pasos y participé en algunos cortes de caña aún siendo menor.

Pero ello no impidió que siempre velara porque yo estudiara. Luchó mucho porque alcanzar los estudios superiores.

Mi padre nos narraba cómo era la vida en Haití, cómo se trabajaba allá, cómo se ayudaban unos a otros, cómo compartían sus terrenos y los cosechaban. Tenían, incluso, trapiches criollos y molían la caña.

También contaba sobre la venta que se hacía de los productos. Decía que se reunían en un lugar determinado como especie de un mercado, para vender los productos. Constantemente nos hacía anécdotas sobre eso y nos enseñaba, incluso, fotos que conservaba de esa época.

Estudié la enseñanza media superior en La Habana y continué y me gradué como Ejecutor de Obra Civil, mi actual profesión.

Me encontraba trabajando en la Empresa de Cultivos Varios de Florida me seleccionaron para cumplir la misión internacionalista en Angola.

Participé en aquella contienda y tuve un desempeño que fue reconocido. Tengo cinco o seis medallas, dos o tres estímulos y medallas de Primera Clase, como la Medalla Antonio Maceo, la Medalla Distinguida de Angola Agostino Neto, recibida por una labor realizada allá, y recientemente me hicieron llegar y entregaron aquí en Cuba la Medalla de la República Popular de Angola.

Cumplí sencillamente con la Revolución, su mandato de internacionalismo proletario, al igual que miles y miles de cubanos que han actuado en defensa de la Revolución, como ahora lo han mostrado los cinco cubanos prisioneros del imperio por haber luchado contra el terrorismo en los propios Estados Unidos de Norteamérica.
RAQUEL MOISES FELIX, LA MAESTRA

Nací el 22 de julio de 1946, en Bayate, Guantánamo.

El lugar donde yo nací era un poco complicado. Allí habían emigrado miles de haitianos que trabajaron, hicieron sus fincas y vivieron de lo que hacían.

Soy hija de Mauricio Moisés Claire, nacido el 14 de junio de 1925 en Francia, y donde trabajó como criado en una casa; de allí viajó a Haití, por un problema con la esposa de mi abuelo, se hizo panadero y, cuando se produjo un conflicto político o guerra, con un cambio de gobierno, entonces se trasladó para Cuba.

Mi mamá fue Julia Félix Veranez, nacida el 24 de diciembre de 1925 en Miranda, Holguín.

Ambos están fallecidos.

Mis abuelos maternos fueron Salomón Félix Deyet, nacido en Jeremie, y Modesta Veranez Félix, nacida en San Juan del Sur, Port Salut.

Vivíamos juntos, una casita al lado de la otra. La de Ducier, la de Teresa, la de María la gorda, la de la otra Teresa, la de mi madre…

Mi papá se dedicó en Cuba a trabajos duros: a tumbar monte, a hacer fincas (hizo como tres en el lugar en que residíamos). Cortaba los árboles, quemaba los palos y sembraba maíz y café.

Así hacían todos los haitianos que residían por allí y convirtieron en explotables todas aquella tierras de las lomas.

Pero las fincas eran de Rafael Ducier, cuyo hijo trabajaba como ingeniero mecánico en la Ciudad Universitaria José Antonio Echevarría (CUJAE), y tenía un padrino, Ramón Almirante.

Todos los años ocurría que no había dinero para comprar nada, porque siempre quebraba la finca. Ducier y Almirante se quedaban con el dinero.

A los haitianos siempre les sucedía lo mismo; no les alcanzaba el dinero cuando hacían la liquidación de la cosecha de café. Entonces les daban otro pedazo de tierra, llena de monte, para que tumbara los arbustos, la limpiara, para sembrar café.

El guajiro no tenía otro camino, tenía que seguir trabajando como ignorante y vivir con la esperanza de tener al año siguiente, en la nueva finca que había creado, la cantidad de dinero que no había logrado en ese año. Pero al siguiente período, le sucedía lo mismo.

La mayoría de los padres regalaban a sus hijos. Mi papá mandó a una de mis hermanas para la Somanta, a la otra, que murió, para la casa de la haitiana Lucilo, porque la cosa estaba dura.

Cuando llegaba la época de la cosecha las reunía para trabajar y, al terminar la cosecha, las mandaba de nuevo de vuelta.

Yo recogí café sembrado por mi padre, porque desde chiquita nos llevaban al campo, a llevarle la comida, recoger café y demás menesteres.

Todos se quejaban de tal situación pero, ¿Quién iba a reclamar? ¿A la misma persona que le decía que no quedaba nada, que la liquidación de la cosecha era 0 y se quedaba con la finca y los cafetos?

El haitiano sólo preparaba la finca, las ponía en explotación y la cosechaba.

Los haitianos no sabían leer ni escribir. Los que vinieron hacia Cuba vivían muy mal en Haití. Los que allí tenían superior status emigraron hacia las grandes ciudades de países desarrollados.

Mi padre era un hombre instruido, tenía un cuarto o quinto grado de escolaridad; mi mamá, no. Sabía un poco y siempre tenía el interés de que sus hijos aprendieran. Leía la Biblia y le enseñó a mi mamá a hacer muchas cosas. Sus hijas fuimos guiadas hacia los estudios. Mandó a mi hermana mayor a la ciudad a aprender a coser y otras cosas. Exigía que las niñas fuéramos a la escuela.

Cuando hablo de mi madre lo hago pensando que tanto ella como las otras mujeres haitianas sufrieron las consecuencias sociales imperantes. Todas ellas tenían la misma situación. Algunas venían directamente desde Haití, pero muy jovencitas; otras eran nacidas en Cuba como descendientes de haitianos.

Mi papa trabajó con mi abuelo materno, Salomón Félix Félix –que estaba en Cuba antes que él- en la zafra azucarera en el central Jurisdicción. Se casó con su hija, Julia Félix Veranes, aún una niña sin conocimiento de la vida, nacida en Cuba, y se pasó la vida procreando, enclaustrada en la casa, por el temor de mi padre de perderla.

Eso originó que mi madre estuviera siempre seria, no tenía alegría. Era una mujer muy bonita, muy hermosa, pero sin paz. Era una muchachita sin nivel cultural. ¿Qué habilidades tenía? Bordaba, tejía y cosía. Por eso, nos enseñó y todas nosotras, sabemos coser y bordar.

La única salida de la casa que hacía era los domingos, a rezar en el templo. Aprendió a leer la Biblia, cosa buena, porque no tuvo tiempo de ir a la escuela. No era feliz. No tenía las cosas que necesita el ser humano para vivir.

En el tiempo de la recogida de café mi padre regresaba a las lomas y mi abuela, Modesta Veranes Peña, se quedaba con las hijas de él.

Mi abuelo era un hombre muy serio, no se reía casi nunca, un viejo hermoso. No tenía tabúes respecto a estar vigilando constantemente a las hembras si se enamoraban o no, de si un hombre venía, enamoraba a su hija y se casaba.

A pesar de su ignorancia, mantenía una cultura y una concepción del mundo desarrollada, porque no poseía recursos para haber aprendido más.

Mi abuela, no muy hermosa pero sí cariñosa y agradable. Se podía aprender muchas cosas de ella. Vino desde Haití, dejando hijos allá, y tenía la cultura de andar limpia, bonita y de hablar con sus hijos y darles buenos consejos.

Yo no recibí de mi madre ese mismo trato que nos daba nuestra abuela. Mi abuela era otra mujer, que ya tenía familia hecha en Haití y mi abuelo, que vivió toda su vida enamorado de ella. Era una persona muy activa, que cuando hablaba había que escucharla, que decía las cosas que había que hacer, que decía lo que había que aprender, y por qué la mujer debía luchar y no estancarse. Era cristiana y de respeto, porque nunca abandonó la cultura que trajo consigo de su país y que mantuvo toda su vida en Cuba.

Los dos vivieron muchos años. Murieron de vejez: mi abuelo en el 1977 y mi abuela en el 1981.

Mi madre murió y también otras dos tías mías. Otras dos tías, Isabel y Petronila Félix Veranes, se mantienen con vida en la ciudad de Camaguey. Los tíos, se encuentran dispersos, algunos en Bayate y otros ni se por dónde.

De mis abuelos paternos no puedo decir nada porque no llegué a conocerlos. No supimos quienes eran.

De unos y otros aprendí algo muy importante en la cultura del haitiano: el respeto. Nadie podía faltarle el respeto a otra persona. No coger lo que no es de uno. Los muchachos no nos podíamos aparecer en la casa con algo que no fuera de nuestra propiedad. Se exigía mucho por eso.

Había que saludar siempre. Los hijos no podían estar presentes en las conversaciones de las personas mayores.

Se vía con miedo a ello.

Cuando llegaba a la casa una persona adulta los niños nos ocultábamos, desaparecíamos del escenario. Regularmente las hembras nos íbamos para la cocina a trabajar y a hacer otros quehaceres para que los adultos conversaran.

Era tanto la rectitud en esta situación que los hijos no llegaban a comunicarse mucho con los padres, porque esa comunicación era hasta considerada una falta de respeto.

En aquellos tiempos habían costumbres que el haitiano las llevaba demasiado lejos. Eso provocaba que habían hijos que temblaban ante la presencia del padre. La única comunicación válida era obedecer las leyes de los mayores.

Eso abundaba mucho en la comarca. En una fiesta el hijo no podía hacer nada más allá de lo que le habían dicho sus padres. Muchas de las muchachas no se podían maquillar porque el padre no quería, aun cuando tuvieran 20, 30 años o más.

Se vivía bajo el mando absoluto de los mayores

ºMi papá me mudó para casa de mi abuela y empecé a vivir con ella hasta los cinco o seis años en que me mudé con una tía casada también con un haitiano venido en un segundo grupo en aquel entonces.

Entonces vino a Cuba mi bisabuela a buscar a su hijo, mi abuelo, por la relación que éste tenía con mi abuela, quien ya era madre de los niños que había dejado en Haití. El abuelo no se quiso ir y, entonces, mi bisabuela se llevó consigo para Haití a Evelia Félix Veranes, una tía mía, quien aún se mantiene por allá, casada y con ocho hijos.

Por esa separación se perdieron los vínculos familiares, entre otras razones, porque no se carteaban debido a que no sabían leer y escribir. Recientemente una sobrina mía, que reside en Camaguey, viajó a Haití y encontró a Evelia y conversaron. Pero, según refiere mi sobrina, ella está resentida y casi nos no quiere reconocer como familiares suyos. Vive en Saint Jean, en Okay

Fui creciendo.

Aquello era una zona cafetalera y había que trabajar duro recogiendo café. Así era la vida en aquellos tiempos.

En el barrio todos eran haitianos y los viejos no dejaban que sus hijos hablaran en español. Había que hablar obligatoriamente en creole.

Mi papá quería que nosotros habláramos en francés, porque decía que el creole era la lengua de los atrasados. El nació en Francia y hubo ese problema del idioma entre él y mi mamá, que sí hablaba en creole.

Aquellos eran tiempos tristes. El domingo era un día especial. En la mañana había que ir caminando hasta la iglesia y, por la tarde, acudíamos ante un señor llamado Rafael Dulier, que tenía un poder, y se daba el culto.

El lunes todo el mundo iba para el trabajo y las muchachitas, principalmente las mayores, se quedaban en casa. Aprendían a tejer, a bordar o coser. Tenían que trabajar mucho.

Era obligado que los niños, en especial los varones, trabajaran y por lo tanto no acudían a la escuela.

No se nos dejaba comer con el plato en la mano, sino colocado en la mesa, sonar los cubiertos o soplar la comida, sí andar bien vestidos, calzados y asistir regularmente al templo. Esa era la educación familiar que recibimos

Se hacían las fiestas de pascuas, los banquetes, y todo el mundo, hasta los niños, sentados alrededor de la mesa. Eran colocados los platos típicos de Haití, las ensaladas, los dulces.

El primero de enero, Día de la Independencia de Haití, todos los vecinos confeccionaban sopa de calabaza. Aquello era muy hermoso porque todos comían en todas las casas que visitaran.

La tradición muestra que eso era así porque durante la guerra de la independencia los esclavos haitianos pasaron hambre debido a que no había mucha comida. La calabaza fue su alimento por excelencia y gracias a ella sobrevivieron.

Los haitianos con un poco de más conocimientos propusieron y lograron una vez independientes que se celebrara este día con una sopa de calabaza con carne y otros componentes.

Por eso es que, durante toda la noche anterior, se ponen a hervir los huesos de res para que, desde bien temprano el primero de enero, se pueda ya estar consumiendo la sopa de calabaza en todas las mesas de cada casa de haitiano.

También ese día cada quien estrena su ropa nueva y visita con ellas puestas a sus parientes y vecinos.

En los templos e iglesias se pasa toda la noche entonando canciones y plegarias.

Al clarear el día comienzan los festejos, muy lindos, por la independencia de Haití. En Cuba, por la conservación de nuestra cultura, siempre lo celebramos tanto los haitianos autóctonos como sus descendientes.

También se hacían festejos en la Semana Santa. En todas las casas de haitianos se disfrutaba del dulce de frijoles caballero. Cada quien visitaba a los otros y consumían mucho dulces. Mi abuela los hacía y servía a los visitantes en unos vasos.

Las comidas haitianas eran variadas. Estaba el fufú (quimbombó, mucha carne y varias viandas), que no se masticaba sino que sólo se tragaba, comían mucho frijol gandul, boniato, frijol caballero. Eran comidas parecidas a la cubana

Una tía mía tenía una escuela donde enseñaba a leer y a escribir (con la cartilla el Cristo, A, B y C). Ibamos un grupito, porque en ese barrio no había escuela y, los domingos, acudíamos a la iglesia.

Hice el segundo o tercer grado con la profesora Cristina Mato Torres, que era muy buena. Llegó el triunfo de la Revolución y construyeron una escuelita en el lugar, donde cursé los primeros grados.

Mi papá me llevó de vuelta a su lado. Estuve poco tiempo pues fue cuando me trasladé hacia La Habana a estudiar, ya con cuarto grado. La maestra me regaló el libro de La edad de oro y, por ella, se me despertó el interés por convertirme en maestra.

En el tren donde me trasladé hacia La Habana vinieron las muchachas del Plan de Becas conocido como las Ana Betancourt, en el año 1961, mucho antes del ciclón Flora.

Estuve becada en Malanga, villa Viriato, y en las vacaciones nos llevaban hacia nuestras casas. Muchas muchachitas no regresaron de nuevo a la beca, pero yo sí, estudié los otros grados de la enseñanza primaria y llegué a graduarme de maestra en 1972.

Trabajé en el Plan Primero de Mayo, en la atención a los llamados Hijos de la Patria, los huérfanos, en la zona de Miramar.

Cuando me gradué me enviaron a trabajar a Oriente, en Jamaica, Guantánamo, donde comencé mi Servicio Social y que no lo terminé porque me casé con Fidencio Velásquez Peña, ya fallecido, y tuve a mi hija, Moraima Velásquez Moisés.

Casi toda mi familia se había mudado hacia Camaguey.

Tenía entre quince y dieciséis años. Al nacer mi hija ya no quería estar en aquel lugar porque creía que podía hacer otra cosa.

Trabajé después en la ciudad de Guantánamo, en la escuela Manuel Ascunce Doménech. Tenía muchos alumnos, trabajaba mucho, pero no había avance. La directora, Ana Seisdedos, aplicaba diferencias en el tratamiento a las maestra viejas y a las nuevas. A las nuevas nos daba todos los alumnos malos, y a las maestras de mayor experiencia los alumnos con posibilidades de pasar de grado.

Me gustaba enseñar y lo hacía de buen agrado. Tenía a los muchachos de todos los barrios, aquellos que no eran hijos de “mamá y papá”.

Pensé que podía hacer algo mejor y decidí trasladarme para La Habana con mi niña. Preparé todo. Nadie supo de mis intenciones. Cuando terminó el curso me trasladé hacia La Habana. Mi hija estaba en edad de círculo infantil.

En la capital viví en muchos lugares, siempre con mi hija. Empecé a trabajar en la escuela ubicada en una antigua estación de policía en la calle Picota, en la Habana Vieja. Allí obtuve experiencias muy bonitas. Trabajé con alumnos que no eran fáciles, pero me querían tanto que yo era feliz en esa escuela. Mi hija comenzó a asistir al círculo infantil, y continuó el preescolar en la propia escuela en que yo trabajaba.

Estuve trabajando en esa escuela hasta el año 1980, en que fui a una misión internacionalista.
GONZALO ALTIDO ALLINO, EL GUANTANAMERO RECUERDA UNA EPOCA

No pretendo contar un cuento ni escribir una historia. Simplemente narraré pasajes de mi vida como descendiente de haitiano en Cuba.

Nací el tres de diciembre de 1933 en una finca cañera llamada Manantial, formada aproximadamente por unas 27 caballerías, en el actual municipio de El Salvador, de la provincia de Guantánamo.


El dueño de la finca era Luis Faure, casado, y su esposa tenía otra finca más pequeña, de unas siete caballerías. Colindaba con las fincas cañeras San Manuel, al Este, San Felipe al Oeste, San Bartolo, al Norte y San Manuel al Sur. La finca tenía un mayoral, Felito, persona pacífica.

Soy hijo de Ceduan Artido Montera, rebautizado en Cuba como Eduardo, y de Angili Allinó Yebe, ambos nacidos en Port Salut, Haití. El llegó a Cuba en el 1914, los diez años de edad, y ella en el propio año en que nació, en 1925, los dos por Santiago de Cuba. De allí fueron a parar a Guantánamo, donde residieron hasta sus últimos días

En total fuimos siete hijos del matrimonio de ellos dos: seis varones (uno ya fallecido) y una hembra (fallecida).

También vinieron a Cuba una hermana y un hermano de mi padre y un hermano de mi madre, todos fallecidos ya.

Había una haitiana que hacía de comadrona. Su nombre: Cristina Semaná. Ella también nos cortó el ombligo a casi todos los jóvenes descendientes de haitianos nacidos en la zona. No tenía descanso. A veces era buscada a altas horas de la noche o de madrugada para atender a una parturienta.

En este lugar crecimos varios jóvenes en la misma época, unos 25 hijos de haitianos de más o menos la misma edad, éramos muy unidos. Allí también había jamaicanos que compartían con nosotros.

Nos reuníamos para ir a la escuela, en un lugar llamado Agapito, a tres kilómetros de donde yo vivía, pero a todos se nos hacía camino ir a ella. El dueño de aquella finca tenía cinco hijos (hembras y varones) y por eso accedió a que se instalara allí ese centro de enseñanza.

Cuando salíamos en el horario de receso nos íbamos hasta los campos de siembra cercanos a comer caña, guayaba, ciruela y otras frutas. que quedaba a cuatro kilómetros de distancia.

Jugábamos a la pelota, nos bañábamos en los pequeños arroyuelos de la zona y así pasábamos parte del tiempo que no dedicábamos a trabajar en el campo.

También íbamos a las fiestas de bembé y otros lugares.

En el lugar llamado Santa Rita se efectuaba bembés los días 16 y 17 de diciembre, celebrando la fecha de San Lázaro. Valentín estaba al frente de un bembé y un tal Yira atendía otro. Este último, tiempo después, en época de la lucha revolucionaria contra el dictador Fulgencio Batista, fue ejecutado por los rebeldes, ya que se dedicaba a chivatear a los revolucionarios y a gentes sencillas de la zona.

Otra fiesta que se celebraba era e 21 de abril, el día de San Anselmo. Se celebraban bautizos, corrida de caballos y bailes populares.

En contadas ocasiones nos íbamos para el cine -distante a cinco kilómetros- y, al regresar a nuestras casas, nos cambiábamos de ropa e íbamos directo para el corte de caña y aprovechar el tiempo nocturno o de madrugada, sin sol.

Más al Oeste de donde nací estaba el central Ermita (hoy Costa Rica), dirigido por Juan Linares, persona muy exigente. Los dueños, mister Randol, mister Elmo y mister Sam, eran norteamericanos. Allí quedaba el cine donde se daban funciones con dos filmes en cada tanda por diez centavos la entrada. Otro lugar al cual íbamos al cine era en Cuneira, a cinco kilómetros del lugar de residencia. Allí también acudíamos a jugar pelota, a escuchar música en la victrolas de los bares y a pasear por el andén ferroviario.

En otro sitio, llamado San Manuel, distante a dos kilómetros de mi zona, jugábamos a la pelota, íbamos a una pequeña presa donde nos bañábamos y bañábamos a los animales. Un carnero era dedicado a dar vueltas alrededor de la bomba mediante la cual les llegaba el agua a un tanque para su distribución entre los vecinos. Varios haitianos y jamaicanos residían en el lugar.

Asistíamos regularmente sábado y domingos a un bar nombrado “El Bayeye, donde había una victrola (o traganiquel). Su dueño se nombraba Erbidelio.

En una oportunidad se realizaba una fiesta en el local del sindicato y, de pronto, se produjo un accidente ferroviario. El tren cañero iba subiendo una pendiente y no la pudo rebasar. Le hicieron un corte pero la parte de atrás retrocedía y colisionó contra otro tren que estaba detenido en la distancia. Hubo un muerto y pérdidas materiales de consideración.

Cerca de mi casa vivía la familia de apellido Cruz. El viejo era una persona pacífica, muy tratable. Pero su mujer era agresiva. Tenían varios árboles de mango y los muchachos íbamos a buscar esa fruta y, en muchas ocasiones, ella nos lo negaba.

En otro lugar cercano, La Retranca, vivía una familia de apellido Acebal. Varios de sus muchachos iban con nosotros a la escuela y a jugar pelota.

Una familia adinerada, los Casal, poseían en la zona tiendas comerciales, camiones, una farmacia y también en Santiago de Cuba un almacén. Antes que ellos hubo una sociedad dominada por un tal Pedro Torrel, quien le vendió sus propiedades a los Casal.

La zona era asentamientos de varios haitianos en la década de 1930. Se dedicaban a cortar caña y a otras labores como trabajar en los campos de sembradíos de frutos menores.

Estaba Carlos, sobrino de Niní y de Fela. Niní tenía una finquita en el lugar conocido por La Victoria, y Fela otra en San Juan.

Más adelante quedaban San Bartolo Arriba y San Bartolo Abajo, asentamientos haitianos de cortadores de caña. Varias haitianas se dedicaban en ambos lugares la venta de dulces, pan, bacalao y otros alimentos de la culinaria haitiana.

Margarita, otra haitiana, y la familia de Ane poseían finquitas sembradas de caña.

Muchos de aquellos haitianos fueron repatriados a Haití en esa época de 1930, un grupo grande no quería irse. Fueron obligados, a una salida forzosa. Esto sucedió masivamente, al menos en dos oportunidades, según recuerdo.

Otro mayoral, Antonio María Alemañy, en el batey , era una persona muy popular en el territorio. Organizaba fiestas en su casa en las que participaban muchas personas distintas. No hacía distinción de clases.

El batey, distante unos dos kilómetros de donde vivíamos, se mantenía alegre. Residía allí muchas familias humildes, como los Pico, los Ventura, los Ruiz, los Aguilera, los Puebla, los Masso y tantas otras. Vivían varios haitianos y jamaicanos. Abundaban las muchachas bonitas. Se jugaba mucho a la pelota y se daban fiestas.

Vivían allí Cipriano Salazar, Panuncia, Arrastre, Lamotte y otros veteranos de la Guerra de Independencia. Lamotte acostumbraba a declarar que, si cuando el marine norteamericano ultrajó a José Martí subiéndose en su estatua en el Parque Central, en la capital del país, y orinarse desde allá arriba, él, en persona, lo hubiera matado por esa falta de respeto.

Al comenzar el período de cortes de caña todo se ponía en función de esa actividad. Era un martirio participar pues era prácticamente el único trabajo accesible para los haitianos. Se formaban discusiones y hasta broncas por tener un “cayo” de caña para participar en los cortes. Recuerdo una famosa riña de estas entre uno llamado Genaro y otro que no recuerdo su nombre. Aquello fue terrible entre esos dos hombres enredados por ganarse el derecho a trabajar en el corte de caña.

La vida nos obligaba a ello para enfrentar y sobrevivir aquella sociedad. En el llamado “tiempo muerto” compartíamos lo poco que teníamos. Se salía hacia las zonas cafetaleras, para participar en su cosecha, donde se pagaba muy bajo precio por cada lata del grano recogido.

Las injusticias con los haitianos eran de todo tipo.

Teodoro Martínez, un policía designado para aquella zona, se distinguía por su conducta abusiva y aprovechadora. Era hermano del mayoral Felito. En una oportunidad quiso abusar de su tío político, quien tuvo que guarecerse en casa de una familia vecina. Un haitiano empleado de la finca, llamado Luisma, intervino y protegió al perseguido.

El propio policía, impulsado por los chismes de su esposa acerca de problemas sobre animales que no quería que los amarraran en los pastos mejores, fue en una oportunidad a mi casa. Ofendió a mi padre y a un hermano mío. Eso provocó que se entablar una acción judicial, en aquel entonces en la ciudad de Santiago de Cuba, pero que finalmente todo quedó amañado a favor del policía y de su esposa.


Rancho Grande se llamaba el lugar donde había un centro comercial propiedad de la familia Casal. Allí había un mayoral llamado Montero, siempre de visita en el Cuartel de la Guardia Rural denunciando injustificadamente a las personas. Tenía su casa atrincherada, rodeada de una barrera con sacos de arena, y poseía un arma de fuego.

En una ocasión estábamos cortando caña en San Juan. Habían transcurrido varios días y no se recogía la caña cortada. Fui aproximadamente a la una de la tarde a hablar con el mayoral Montero para que nos mandara un camión para sacar la caña amontonada en el suelo. Lo encontré sentado en el portal de su casa. Lo saludé y le planteé el asunto. Con tono despectivo me respondió y negó lo que le estaba proponiendo. Su argumento: había que sacar primero la caña de la Compañía primero que la de los colonos.

Según versiones de la época, se decía amigo personal del dictador Fulgencio Batista. Fue ajusticiado en tiempos de Revolución por su mala conducta con los trabajadores.

martes, marzo 27, 2007

VENEZUELA: MUNICIPIO DE ASENTAMIENTOS Y GRANDES TRADICIONES DE LA CULTURA HAITIANA
Por: M.Sc. Silvia Alvarez Ramos.

El conocido hoy como municipio de Venezuela, en la provincia Ciego de Avila, porción central de la República de Cuba, constituye uno de los lugares donde se asentaron en número importante los inmigrantes haitianos arribados a la Isla como braceros para la zafra azucarera en las primeras décadas del siglo XX.

La historia y surgimiento de estos predios se remontan al siglo XVI.

En 1577 el cabildo de Sancti Spíritus, a cuya jurisdicción pertenecían las tierras que hoy conforman la provincia de Ciego de Ávila, hizo la demarcación de un número considerable de hatos y corrales, entre ellos se encontraban: Ciego de Ávila, Las Chambas, Nauyú, Los Perros, Morón, La Guira, Júcaro, Baraguá, Lázaro López, Dos Hermanas, entre otros.

Estas tierras estaban habitadas por indios organizados y divididos en dos cacicazgos: el de Ornofay, al sur, y el de Cubanacán, al norte, subdividiendo a poblados que los colonizadores llamaron “paraderos” y entre ellos se encontraba “Sabanalamar.”

En el libro La fiesta de los Tiburones señala su autor, el avileño Reinaldo González premio Nacional de Literatura:…”Y empezó a oírse el nombre del Quince y Medio que hasta ese momento pocos conocíamos. Venían hombres de negocios, sembradores y carpinteros preguntando por el Quince y Medio.

“La gente empezó a mudarse y aquello parecía una feria. Venían con familias enteras, bultos de ropas y cuanto Dios creó. Mientras más llegaban más pedía el ingenio nuevo.

“En Ciego de Avila todo el mundo sacaba la cuenta de qué sabía hacer y qué iba a declarar cuando le preguntaran los de la compañía. No había otro tema. Esperábamos matar el hambre vieja con el ingenio.

“Vinieron de muchas partes: isleños, asturianos, jamaiquinos, haitianos, y hasta chinos vi por aquí. No le diré que tantos como iban a venir después, pero algunos chinos descarriados ya andaban por el Quince y Medio en los primeros tiempos del ingenio.

“A partir de 1910 se incrementan sustancialmente los capitales de comerciantes en el Quince y Medio predominando el español, el chino y el nativo en menor escala. Así surgieron tiendas de víveres, de ropa y calzado, varios cafés y bares, una carretería para reparar estos equipos, dos tejares, que producían ladrillos de arcilla para la industria azucarera y otros usos, así como porrones y otros utensilios, fondas, gasolineras, ferreterías, talabarterías, herrería, panadería, un pequeño matadero de reses y un hotel entre otros; carnicería, limpiabotas ambulantes, tren lavado de ropa manejado por lo general por chinos, cine-teatro, servicio de acueducto privado de la familia Sánchez, cocheros de ómnibus privado, e incluso en el lugar funcionaba la alcaldía mi barrio”.

“Con la llegada de la Primera Guerra Mundial este comercio prosperó notablemente y continuó su compás de desarrollo paralelamente al auge de la producción azucarera, surgiendo incluso una sucursal bancaria que desapareció con la crisis de 1921.

“El poblado floreció y se convirtió en el centro comercial de mayor importancia del territorio. Como los dueños del central no permitían en sus predios otros intereses que no fueran los de la compañía esta medida favorecía directamente el gran desarrollo que alcanzó el Quince y Medio.

“Allí se efectuaba el comercio con las áreas rurales, los mítines y actos políticos, se encontraban ubicados el local del Sindicato Azucarero, los locales de los partidos políticos…Todo este desarrollo del comercio posibilitó que floreciera una pequeña burguesía en el pintoresco poblado.

“Otro de los factores que incidió en este florecimiento fue el ferrocarril de Júcaro a Morón, debido a que en el centro del pueblo fue construido el paradero o estación de Silveira, lo cual facilitaba el transporte de mercancía y mensajeros. Aunque existía un camino desde este lugar hasta la ciudad de Ciego de Ávila, el mismo se encontraba en muy malas condiciones y en época de lluvia era prácticamente intransitable, por lo que el ferrocarril monopolizaba todas las transportaciones hasta este lugar.

“Por este desarrollo que va adquiriendo el central Stewart y el poblado del Quince y Medio, la compañía norteamericana permite la fundación del Club Social del central Stewart, que contó siempre con la ayuda de Gumersindo Camacho, administrador de la entidad, quién fue desde el año 1927 el presidente de honor del mismo. El club era solamente para blancos de prestigio y empleados de confianza del ingenio, para la selección de los “socios”, entraban a jugar diferentes factores como: posición política y económica, rasgos físicos y vínculos con la raza negra”.

El desarrollo de este tipo de institución fue tan importante que los cronistas de la época señalaban que:…”En el central Stewart se ha de encontrar el viajero una capital en miniatura, donde resplandece una sociedad fina, culta y adinerada. El Club social es una demostración evidente. Quizás en la mayor parte de los pueblos de la República conozcan este centro social adonde acude un escogido grupo cuyo rasgo principal se encuentra en el espíritu de distinción que le anima y ennoblece.”

LA INMIGRACION HAITIANA

En las décadas iniciales de los años 1800 se conoce que llegaron los primeros inmigrantes haitianos a la isla, esa vez como esclavos de las dotaciones de colonos franceses.

Entre los años 1913-1921 embarcan hacia la Isla alrededor de 81000 haitianos como braceros para la zafra azucarera, que se asentaron fundamentalmente en las antiguas provincias del Oriente del país y del Camagüey. En este período vinieron hombres solos, del 1923 al 1927 ocurre otra gran oleada migratoria, en el cual ya se hacen acompañar de sus esposas, las que ayudaron a costear los gastos y la economía de la familia con su trabajo, Poco a poco se fue haciendo numerosa la familia con los hijos y nietos que iban naciendo en esta tierra.

El trabajo de educarlos y mantenerlos fue muy difícil debido a que se contaba con 7, 10, 12, 14, 18 y hasta 20 hijos que por demás también fueron creando sus familias. En los bateyes no había escuelas ni maestros, los centros educacionales quedaban muy distantes y los padres, tratando de proteger a sus hijos contra cualquier tipo de peligro, no los matriculaban.

No había tampoco el dinero para realizar esos gastos porque la enseñanza se pagaba, no era gratuita. El dinero que entraba en la casa no daba para comer, mucho menos para pagar los libros, las libretas, el maestro y cuantas necesidades se presentasen. Entonces se enseñaba por tradición oral, o de lo contrario un haitiano mayor enseñaba el creóle a su manera, sin método de estudio.

En aquel tiempo era obligatorio prepararse para laborar en el campo en el caso de los varones y para labores domésticas las hembras. Se pueden citar como familias de muchos hijos en estos lares las de: Juliana Baró, Emilia Luis, Ernesto Martínez, las hermanas: Cristina, Inés y Emelina Ramos Martínez; todas ellas hijas y descendientes de haitianos.

A pesar de todo ello se mantenía en la conciencia y en los sentimientos del emigrado una idea fija: regresar de nuevo a su tierra después de haber alcanzado progreso económico y posición decorosa que le permitiera disfrutar de buen reconocimiento y estatus social.

Estas ideas fueron tronchadas; en realidad no era tan fácil obtener trabajo y dinero como se decía en los rumores que escucharon en su país; se vieron envueltos en un callejón sin salida, no les quedaba otro remedio entonces que quedarse y aplatanarse en una tierra que poco a poco los fue aceptando como verdaderos hijos, como patrimonio de su cultura.

El deseo de regresar a Haití nunca desapareció de sus mentes y mucho menos de sus corazones.

De esta forma la inmensa mayoría de inmigrantes de esta etnia, que llegaron de Camphenague, Les Cayes, La Zil, San Lois, Tobec y de Puerto Príncipe, se asientan y van apareciendo sus agrupaciones en los poblados en la otrora región de Ciego de Ávila en los centrales azucareros: Stewart, Jagüeyal, Santo Tomás, Jatibonico, Algodones y Ciego de Ávila. Fueron utilizados como mano de obra para las actividades inherentes a la caña de azúcar y plantaron su semilla y su sudor en zonas apartadas de donde había una vida urbana rodeada de grandes negocios, en los bateyes cercano a los cañaverales.

Cuenta el longevo de 105 años, Antonio Guerrero Néstor (Edgard Guerrier, en creóle), quien fue Delegado ante el Cónsul de Haití en Cuba en la provincia de Camaguey para representar los intereses de los haitianos que vivían en los centrales azucareros, que: “Los haitianos, al igual que los gallegos e isleños, venían a Cuba en búsqueda de dinero pero, a diferencia de estos últimos, los haitianos vivían en pésimas condiciones en barracones. Después los barracones se forraron y comenzaron todos a vivir juntos y nada se perdía, se dormía en hamacas y en yaguas. Después, los hombres trajeron a mujeres haitianas e hicieron sus casitas de yagua, vivieron allí y después el dueño de la finca les comenzó a darles materiales para que ellos pudieran arreglar el barracón. Eso solamente no era así en el Quince y Medio, sino en todos los pueblos de Cuba.”

En el año 1919 se funda el Liceo, sólo para blancos, del que eran socios lo más “selecto” de la pequeña burguesía comercial y los colonos. Se llevaron a efecto las elecciones reglamentarias como establecían las leyes de aquella época.

Ya en 1927 existen tres sociedades divididas por la posición social y el color de la piel: El Club Social del central Stewart, el Liceo del Quince y Medio y la Sociedad “Mariana Grajales”.

También se dieron pasos importantes para fundar el Club de Jagüeyal, ocurrido años más tarde, el que organizó las fiestas del Palenque de Jagüeyal, lugar que tuvo importante trascendencia histórica en la lucha revolucionaria del año 1959. En el poblado de Júcaro se comenzaban también a desarrollar algunas actividades de tipo social patrocinadas por el gremio de la localidad que se aglutinaría posteriormente para celebrar los días 8 de septiembre, las fiestas en honor a la Virgen de la Caridad del Cobre, la que se sacaba en procesión por el mar sincretizándose con la Virgen María, madre de Dios.

Los lugares donde se fueron asentando los haitianos y sus descendientes se les denominaba como colonia cañera (el nombre de colonia venía desde el tiempo de los españoles) porque era propiedad de un terrateniente el cual se conocía por el sobrenombre de colono.

Las colonias en estos lugares se llamaron: La Carmita, El Porvenir, Andrés Morgado, Chiva o Lazo de Oro, La Caoba, Los Morenos, Don Simón, Área, Chivo, La Ofelia, Rasco, Isidoro, Dumoy, Domínguez, Eduviges, Venezuela, Caballé, Pitajones, La Americana, Josefina, Morenos en el Quince y Medio, Cesáreo, Robaina, Palma, Bravo, La Susana, Pina I, y Pina II, Castillo, Tres Bateyes, Brunes, Gato Prieto, Candita, La Ignacia y, Guiro, Patato, Hoyo de la Palma, Progreso y Palmarito.

Precisamente, Antonio Guerrero Néstor, que fue la personalidad más distinguida de estos asentamientos, desempeñó un papel muy importante en función de unificar la comunidad haitiana en esta zona. Señala que ellos no fundaron ninguna asociación, ni crearon ningún club; se mantuvieron alejados de cualquier tipo de organización que pudiera inmiscuirse en su cultura, en sus ritos, tradiciones, costumbres o religión; mantuvieron su cultura cerrada e impenetrable ante aquellos, que curiosamente querían saber lo que no se podía ni se debía decir. Utilizaban para ello la comunicación en creóle, su idioma natal, que por tradición oral fueron aprendiendo sus hijos y nietos. Hubo quien, ajenos a ellos, poco a poco pudo ganarse su amistad y aprendió de golpe y porrazo la lengua que cada vez se hacía común escuchar.

Ni los propios descendientes pudieron saber con claridad muchos de sus misterios, de sus secretos y de sus poderes para la adivinación en los cultos, los que gozaban de gran popularidad y de aceptación de las personas que vivían en el batey y sus alrededores, fundamentalmente de los blancos, que vieron en el haitiano al individuo con poder sobrenatural para la curación, la predicción del futuro y la protección de las grandes tragedias que pudieran sobrevenirle.

Entre los ritos religiosos practicados por esta comunidad se encontraban los bembés haitianos (festín que movilizaba a todas las personas que amaban a los haitianos, que eran muchas y creían en sus milagros), la ceremonia del vodú, y la semana santa, en la que se le rendía culto a los ancestros en su propia casa.

Los bailes de salón de corte francés constituían una forma refinada y culta de manifestarse en la sociedad, se hacía gala del buen vestir, de las buenas maneras, de la buena conducta y de las excelentes relaciones que existían entre las familias haitianas que eran invitadas con antelación a bailar en una glorieta destinada a tales efectos, ejemplo de ello lo constituyó la familia de Julia Martínez (en creóle, Neilá Chéri).

Las comidas de preferencia fundamentalmente se centraban en: el congrís de frijol negro, colorado o gandúl, y el arroz blanco, el potaje de frijol negro o colorado con dakey, la sopa de pan, la carne de cerdo, el pollo criollo, el pescado o el tazajo, la vianda hervida, que podía ser ñame, la yuca, el boniato, la calabaza, el quimbombó cosechado en las parcelas de tierra o en el “sitio” que poseían alrededor de la casa; también era común el dulce de fabricación casera: de calabaza china, el bombón, maní, ajonjolí, boniatillo, arroz con leche, coco; también se cocinaba el pan haitiano; los dulces se fabricaban fundamentalmente por mujeres y en abundancia para ir a vender a los cortes de caña donde laboraban los hombres; también hacían bebidas de gran sabor: el liké y el tiféi; se vendían las botellas de ron y de vino.

También se celebraban las fiestas del Primero de Enero, fecha de la independencia, triunfo de la Revolución de Haití en 1804. Ese día las familias se saludaban, los mayores aprovechaban para aconsejar a los niños y jóvenes de la familia acerca de lo que era bueno y malo, de lo que se debía hacer y lo que no se debía hacer, del sentido de la honradez, honestidad, seriedad, del respecto a la dignidad humana y la consagración al trabajo para poder vivir con la frente en alto sin abochornarse del sudor de sus manos y no del trabajo ajeno, porque robar era el acto más vergonzoso y abominable en que un hijo, nieto o pariente podía incurrir. Estos hechos no se aceptaba en la familia; se tomaba sopa de pan con calabaza, se le hacían regalos a los pequeños. Era un día singular que se iba de batey en batey para felicitar y saludar a otros paisanos, se le deseaba lo mejor, tranquilidad, bienestar, paz y prosperidad.

lunes, marzo 19, 2007

UNE PRÉSENCE RENE PREVAL, PRÉSIDENT DE LA HAÏTI, UN COMPORTEMENT DU GROUPE UNIQUE VOCAL DANS CREOLE DESANDANN

Le président de la Haïti René Preval a assisté dans la nuit du dimanche 18 mars à l'habit de fête de la rencontre de la Semaine de la Francofonía 2007, où il a mis en action le groupe vocal Desandann.

Accompagné par les ambassadeurs de la France et de la Haïti dans le Plus grand des Antilles, Marie - France Pagnier et Jen Raymond Simon, respectivement, et des fonctionnaires du Ministère des Affaires étrangères de la Cuba et d'autres représentants du Corps Diplomatique accrédité dans le pays, Preval il a aussi joui du comportement du groupe de danses arabes Aisha-Al-Hanan.

Le Président haïtien est arrivé en Cuba moyenne des heures d'avance, et a été direct dès l'aéroport vers le théâtre de l'Auditorium du Musée National de Beaux Arts où on présenterait le groupe vocal.

Desandann, un groupe unique vocal dans creole une connaissance jusqu'au moment en Cuba et dans le domaine de la Caraïbe, incluse la propre Haïti, il a surgi en 1994 comme initiative de quelques descendants de la communauté haïtienne, spécialement de sa directrice, Emilia Díaz Chávez, élevée au grade de Direction Chorale en 1978.

Son répertoire, tout dans creole, provient du folklore haïtien et montre de nos jours de divers rythmes et genres : l'yambalú, la meringue, une musique religieuse d'origine du vudú, et les autres. Parfois ils incorporent des mouvements corporels, très typique chez le Haïtien et avec certaine influence cubaine, comme accompagnateurs de l'interprétation orale.

Tant en Haïti, où ils ont agi dans quelques opportunités, comme aux États-Unis de l'Amérique du Nord - le lieu dans lequel ils ont été dans trois opportunités-, la France, le Canada, la Martinique et le Mexique ont connu de son art merveilleux vocal.

Le groupe a été récompensé dans divers certámenes nationaux et internationaux, et reçu la reconnaissance et l'hommage des autorités et le people de la province de Camaguey et d'autres territoires du pays.

Des descendants de Haïtiens ont précédé à son comportement à l'habit de fête l'interprétation de quelques nombres vocaux de la Cantoría Martha Jean Claude, un groupe d'enfants de 6 à 16 ans d'âge, et dirigés par Teresita Romero Miranda, du propre groupe Desandann.

Dans une occasion de la Semaine de la Francofonía 2007 a réalisé le vendredi 16 une conférence sur l'apport de Jacques Roumain à la promotion de la diversité culturelle, au compte du Docteur Jean Maxius Bernard, Conseiller au compte des affaires culturels de l'Ambassade de la Haïti en Cuba, et une dégustation de plats variés typiques haïtiens.