RINDEN HOMENAJE AL ANTROPOLOGO HAITIANO JOSEPH ANTENOR FIRMIN EN CASA DE LAS AMÉRICAS
Casa de las Américas acogió un homenaje al antropólogo y político haitiano Joseph Antenor Firmin (1850-1911), en el año del centenario de su fallecimiento.
La conmemoración del centenario de la muerte de Firmin coincide con la declaración por la ONU del 2011 como Año de los Afrodescendientes.
En la jornada se presentó el texto Un acercamiento a La igualdad de las razas humanas, del destacado intelectual haitiano, editado por Ciencias Sociales.
La Embajada de Haití en Cuba y el Instituto Cubano del Libro fueron anfitriones de esta conmemoración.
Su pensamiento es conocido fundamentalmente a través de la obra De la igualdad de las razas humanas (1885), donde refuta al libro Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas del filósofo francés Joseph Arthur de Gobineau, reconocida como la obra inicial del pensamiento racista.
En el texto, Firmin asevera que "todos los hombres tienen las mismas cualidades y faltas, sin distinción de color o formas anatómicas". Se trata de una propuesta fundacional para la antropología crtítica y, sin embargo, resultó marginado durante años por su carácter "radical".
Esta obra adelantada para su tiempo ha sido revisitada en Cuba a raíz de la reciente publicación del folleto Un acercamiento a La igualdad de las razas humanas, a cargo de la Editorial Ciencias Sociales.
Coincidiendo con el año del centenario de su muerte fue presentado este estudio en la Casa de las Américas, en el contexto de un panel donde intervenieronn el periodista y ensayista Luis Toledo Sande, la historiadora Graciela Chailloux, el Excelentísimo. Embajador de Haití en Cuba, Jean Victor Geneaus, y el antropólogo y ensayista Jesús Guanche.
Joseph Antenor Firmin creó, asimismo, Le Messager du Nord, una revista sobre política y literatura. Se destacó la postura antimperialista y latinoamericanista que dominó su pensamiento, expresada, sobre todo, en 1891 en la Conferencia Monetaria Internacional Americana, donde representaba a su país como Ministro de Relaciones Exteriores.
Igualmente interesante fueron sus cruces y comunicaciones con el pensamiento martiano. Ambos hombres se conocieron durante la estancia de José Martí en Cabo Haitiano, Haití, y establecieron profundos vínculos.
Es ilustrativa la aparición de citas referidas al libro de Firmin entre la papelería que Martí portaba en el momento de su muerte.
(VER INTERVENCION DEL EXCELENTISIMO SEÑOR JEAN VICTOR GÉNÉAUS, EMBAJADOR DE LA REPUBLICA DE HAITI EN CUBA, EL 28 DE SEPTIEMBRE DEL 2011, EN LAS CASA DE LAS AMERICAS)
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sábado, octubre 01, 2011
JOSEPH ANTÉNOR FIRMIN: UN GIGANTE DE NUESTRO CARIBE
(INTERVENCION DEL EXCELENTISIMO SEÑOR JEAN VICTOR GÉNÉAUS, EMBAJADOR DE LA REPUBLICA DE HAITI EN CUBA, EL 28 DE SEPTIEMBRE DEL 2011, EN LAS CASA DE LAS AMERICAS)
El excelentisimo señor Embajador JEAN VICTOR GÉNÉAUS expuso sus apreciaciones sobre la vida y la obra de Joseph Antenor Firmin.
Hoy, el pueblo heroico y solidario de Cuba, a través de una de sus instituciones faro, la Casa de las Américas, conmemora el Centenario de la muerte de Joseph Anténor Firmin.
Es para mí un honor estar aquí, no solo para rendir homenaje a este Haitiano vertical, a esta lumbrera del siglo XIX, a este promotor de la solidaridad caribeña, sino también para expresar nuestra gran satisfacción, y la del pueblo haitiano, por este gesto de hermandad de nuestro gran vecino del Caribe. Agradezco a Casa de las Américas el haberme invitado a compartir con ustedes algunas de las facetas de la vida y de la obra de este político que defendió los intereses nacionales y de nuestros hermanos caribeños.
Joseph Anténor Firmin era abogado, jurista, periodista, parlamentario, constitucionalista, antropólogo, historiador, economista especializado en cuestiones financieras, publicista, diplomático, y un hombre de Estado.
Sería pretencioso de mi parte y, materialmente imposible, querer pasar revista, en algunos minutos, de la carrera política de este gigante caribeño multidimensional del pensamiento y de la acción.
Firmin antirracista.
Conmemorar a Firmin, 100 años después de su muerte, se justifica por numerosas razones. Este gran militante del pensamiento científico fue el portador del estandarte de la lucha de los pueblos de color contra la pretensión de Occidente de hacer comprender al mundo que tenía el monopolio del conocimiento y del saber.
El aporte fundamental de Firmin fue el de impugnar y desenmascarar, sin demagogia y con argumentos científicos, a los grandes pensadores occidentales de su tiempo con el dominio de la Filosofía, de la Antropología, de la Sociología y de la Historia.
Este gran combate del pensamiento se produjo en Francia, país que dominaba en ese entonces la divulgación de la información a escala mundial y en donde se encontraba el punto de origen de las grandes corrientes del pensamiento. Reyes, emperadores y príncipes reinaban, durante esa época, como señores, mientras que el racismo servía de pedestal ideológico al colonialismo en expansión. Es en el mismo corazón de este templo de la inteligencia europea que el disidente intelectual haitiano, Firmin, rechazó las tesis anticientíficas del Conde Joseph Arthur de Gobineau, utilizadas también por los racistas para prolongar la esclavitud y por los colonos para dominar y desmembrar el continente africano.
Firmin, natural de un país que victoriosamente logró liberarse del yugo inhumano de la esclavitud y del colonialismo, hizo, sin lugar a dudas, una enorme contribución a la Humanidad desenmascarando el argumento anticientífico de la desigualdad de las razas. Firmin, que solamente tenía 33 años, también simbolizaba al hombre de color que no tenía ningún complejo ante el hombre blanco.
Investigadores, historiadores, periodistas y otros intelectuales acudieron a rendir homenaje a Joseph Antenor Firmin.
Los dirigentes políticos de nuestro Caribe le prestaron una atención particular a las ideas antirracistas difundidas por Firmin. Según el historiador cubano Rolando Rodríguez, entre los documentos que Martí llevaba consigo al morir en Dos Ríos, se encontraban notas escritas en un cuaderno concitas y aforismos en francés, y algunas en alemán, español y latín. Una revisión meticulosa de estos documentos permitió a este investigador descubrir que las notas tomadas por Martí provenían del libro de Firmin “De la Igualdad de las Razas Humanas”, que constituye una respuesta científica a la tesis racista expusta por Gobineau en su célebre “Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas”.
Por otra parte, en 1908, en el año en que se crea en Cuba el Partido Independiente de Color, Joseph Anténor Firmin es nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República de Haití ante el Gobierno de la República de Cuba. Posteriormente, el 3 de marzo de 1909, presentó las Cartas Credenciales que lo acreditaban como tal.
Muy temprano, Firmin fue testigo de la lucha conducida por el Partido de los Independientes de Color contra el racismo y por la justicia social. Mantuvo relaciones de amistad con algunos de sus principales dirigentes, como Evaristo Estenoz y Pedro Ivonet, de origen haitiano. En el hotel “Las Américas”, donde tenía su residencia, los recibía y sostenía con ellos discusiones animadas sobre la situación política en Cuba y donde consideraba su lucha como una causa justa. Estos contactos irritaron a las autoridades cubanas por considerarlos como una injerencia inadmisible en los asuntos internos del país. Como castigo, Firmin fue transferido de su puesto en Cuba como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Haití ante la corona británica.
El acto represivo más brutal llevado a cabo durante el gobierno de José Miguel Gómez (1909 a 1913) fue, a nuestro juicio, el aplastamiento de la llamada “Guerrita de los Negros”, o la “Masacre de 1912” o la “Guerra de las Razas”, motivado, fundamentalmente, por el temor a que en Cuba se produjera otra revolución negra como había sucedido en Haití en 1804; es decir, estaba presente el síndrome del miedo al negro dentro de una sociedad racista. Recordemos que con la pseudo-república iniciada en 1902, se posibilitó el ascenso de figuras de color en la política, aunque esto, desde luego, no garantizó el efectivo cumplimiento del artículo de igualdad constitucional.
Firmin: un Apóstol de la integración y de la solidaridad.
En 1880, se constituyó en París una célula de intelectuales latinoamericanos y caribeños cuyas reflexiones se focalizaron en la necesidad de alcanzar una solidaridad activa entre los pueblos de esta región. Es así que nace el proyecto de la creación de una Confederación Antillana que integraría a las naciones de la América Central, a los tres países bolivarianos con costas al Mar Caribe (Venezuela, Ecuador y Colombia) y a las Antillas. Después de la muerte del colombiano Torres Caceido, el sueño era, por sugerencia del puertorriqueño Ramón Emeterio Betances, agrupar en una federación a las islas hispanoparlantes, anglófonas y francófonas del Caribe. Los protagonistas de esta Confederación fueron, entre otros, Betances, Martí, Carvajal, Hostos, Luperón y Firmin.
Es importante destacar que aunque Firmin no tenía ni la visión ni la sensibilidad antimperialista de Martí, quien había vivido en las “entrañas del monstruo”, sí estaba consciente del peso y de las consecuencias político-económicas que traería para la región caribeña que el naciente imperialismo norteamericano lograse el control total de las Antillas, si tenemos en cuenta su estratégica posición geográfica.
Recordemos que el tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, deseaba, abiertamente, que “Cuba y las islas de la región caribeña fueran anexadas como adición natural y bienvenidas al confort americano”.
La dimensión de una confederación antillana y las dificultades inherentes a su materialización no quebrantaron el impulso y el compromiso adquirido por sus protagonistas. En una de las correspondencias dirigidas a Firmin, Carvajal le recordaba que “las aspiraciones expresadas en esta idea son difíciles de realizar, no obstante ser elevadas y nobles. Usted que es uno de nuestras más altas personalidades, a quien le interesa mucho el destino de los pueblos, no debe quedar indiferente… Y quizás Usted sea uno de los maestros cuyo consejo elevado deba guiar nuestra marcha, a través de senderos desconocidos, hasta el límite de nuestras justas aspiraciones, que son las de formar un estado de todas las islas antillanas.
Nosotros hemos constatado la grandeza de la obra y considerado seriamente la distancia que nos separa para su realización; pero cualquiera que sea, estamos decididos a comenzar la tarea”.
Anténor Firmin también conoció a Antonio Maceo. El 5 de noviembre de 1889, bajo el Gobierno de Florvil Hyppolite, Antonio Maceo regresó a Haití. Si bien el mandatario haitiano le había prometido a España observar la más estricta neutralidad en los asuntos de Cuba, Anténor Firmin, en ese entonces Ministro de Relaciones Exteriores, cubrió al ilustre visitante de elogios y de atenciones, haciéndolo olvidar, a través de esta acogida hospitalaria, los malos recuerdos dejados por la actitud hostil del Presidente Salomon durante su estancia en Haití en 1879.
Cuatro años más tarde, el 5 de junio de 1893, durante uno de los viajes de José Martí a Cabo Haitiano en la preparación de la Guerra del 95, después de una estancia de dos días en Montecristi, se produjo el único encuentro entre el Maestro y Firmin, el “haitiano extraordinario”. Martí llevaba consigo una carta de recomendación que le había entregado en París el Dr. Ramón Emeterio Betances, líder independentista de Puerto Rico de renombre internacional. Es el mismo Betances que publicó en español un discurso de Wendell Philipps sobre Toussaint Louverture y una biografía del Presidente Alexandre Pétion. Este gran líder puertorriqueño visitó Haití en 1870 con vistas a obtener el apoyo del Presidente Nissage Saget a la causa independentista de Cuba y de Puerto Rico. Firmin declaró lo siguiente respecto a su encuentro con Martí.
“El gran patriota a quien Cuba reconociéndolo le otorgó el título de Apóstol, se presentó en nombre del Doctor Betances, quien le aconsejó visitarme. Nuestra conversación se desarrolló sobre el gran tema de la independencia cubana y la posibilidad de la creación de una confederación antillana. Salvo por las dificultades prácticas, estuvimos absolutamente de acuerdo sobre los principios.
Experimentamos el uno por el otro una simpatía irresistible. Puesto al corriente de la empresa audaz que este hombre elocuente, inspirado por una grandeza espiritual poco común, fomentaba, preparaba y preconizaba con una devoción apostólica, tomé la decisión de hacer todo lo que debía hacer a favor de esta causa sagrada entre todos”.
Firmin es conocido, sobre todo, como el patriota haitiano que se enfrentó al Contraalmirante americano Bancroft Gherardi en sus pretensiones de obtener la cesión del Mole de St Nicolas para convertirlo en una base de avituallamiento de la marina americana. Este enviado especial llegó a Haití el 26 de enero de 1891 a bordo del barco de guerra Filadelfia y convocó inmediatamente al Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario americano, Frederick Douglas, para informarle de su nominación como Enviado Especial encargado de conducir las negociaciones.
Dos días más tarde, el 28, fue recibido en el Palacio Nacional por el Presidente Hyppolite acompañado de su Ministro de Asuntos Extranjeros, Anténor Firmin. Sin rodeos, el Almirante presenta las reclamaciones del Gobierno americano, las que tenían por fundamento, según este Enviado muy especial, los servicios rendidos durante la lucha por el derrocamiento del Gobierno de François Denis Légitime y las promesas realizadas por los agentes de Hyppolite y de Firmin en el mismo período. Esta exigencia fue rechazada con firmeza y mucho tacto por Firmin quien no solamente negó que una promesa de ese tipo hubiera sido hecha nunca, sino también demandó que la solicitud fuera hecha por escrito y firmada. El Contraalmirante señaló que ningún acuerdo formal fue suscrito, pero insistió en que Hyppolite llegó al poder gracias a la ayuda americana.
La solicitud fue preparada a bordo del barco de guerra Filadelfia y llevaba solamente la firma del Contraalmirante Gherardi. Cuando ésta fue presentada al Canciller haitiano, quien estaba bien imbuido de las sutilezas técnicas de la diplomacia, reclamó al Contraalmirante la comisión que lo autorizaba a llevar a cabo semejante negociación, los términos de referencia y las instrucciones que la acompañaban. Su argumento fue que los Estados Unidos no estaban legalmente amparados por un acorde firmado bajo estas condiciones.
Ante el retraso del envío, por las vías regulares, de los documentos oficiales reclamados por la parte haitiana, el Contraalmirante decidió regresar a los Estados Unidos sin haber cumplido su misión. Una de las cláusulas del contrato leonino presentado por el Contraalmirante estipulaba “que mientras el tiempo que los Estados Unidos controlase el Mole St Nicolas, Haití no estaba autorizada a conceder ventajas, privilegios o concesiones a ninguna potencia, estado o gobierno en ningún puerto o porción de su territorio”. De hecho, el poder del gobierno haitiano sobre su propio territorio estaría limitado. Pero el Canciller Firmin, bien plantado en sus sentimientos nacionalistas, utilizó todos los procesos dilatorios para rechazar una demanda que atentaba contra la soberanía de Haití. Este caso es un ejemplo de la política de las cañoneras del que fue víctima Haití a lo largo de su historia.
Otro de los casos en los cuales el Canciller Firmin resistió las presiones americanas fue el asunto de William Clyde. Se trata de un agente de una compañía marítima americana, bien conectado en las esferas del Ejecutivo americano, que exigía del gobierno haitiano 500,000 dólares como subvención para el aumento del número de barcos a vapor entre Nueva York y Haití. En caso de que su solicitud fuera rechazada, él amenazaba con exigir el pago de una indemnización a todos los ciudadanos americanos por las pérdidas ocasionadas durante la guerra.
El Gobierno Haitiano, a través de su Canciller y Ministro de Finanzas, Anténor Firmin, rechazó aceptar esta solicitud que ocasionaría una sangría substancial sobre el tesoro público. Frederick Douglas, en esa época Embajador americano en Haití, consideró esta reclamación como vergonzosa, deshonesta y escandalosa, y rechazó apoyarla.
En estos dos casos, es necesario reconocer, la pasiva complicidad de este Jefe de Misión que ayudó a la diplomacia haitiana a salir de este embrollo. Es importante explicar el contexto en el cual se produjo este hecho. Los Estados Unidos reconocieron la independencia de Haití 58 años después, a pesar de la contribución apreciable realizada por los voluntarios venidos de St Domingue en la batalla de Savannah. Las intenciones expansionistas americanas en el Caribe comenzaron a precisarse. Ellos ambicionaban anexarse la República Dominicana o en caso de fracasar, obtener la concesión de la bahía de Samana, y en los casos de Cuba y de Puerto Rico, en la exclusión de España.
Firmin murió el 19 de septiembre de 1911 en St Thomas a la edad de 61 años, lejos de su tierra natal. Cien años después de su desaparición física, continúa siendo una de las figuras más emblemáticas de la vida política e intelectual haitiana. Fue un demócrata, un progresista, un visionario, un nacionalista, un intelectual de alto nivel. Nunca fue un Jefe de Estado, pero fue un gran hombre de Estado.
Por las ideas que él defendió, su discurso sobre la emancipación de los hombres y las mujeres de color sojuzgadas por el colonialismo y el racismo, su defensa del principio del derecho de los pueblos a vivir en libertad, su gran sueño de un Haití democrático y libre, de un Caribe unido y solidario, es que es más que legítimo y necesario rendirle homenaje a este gran hombre en su centenario de su muerte. En la obra científica de Firmin y en sus escritos políticos predomina su preocupación por el bien común y por el bienestar colectivo. El decía: “Ningún pueblo puede vivir indefinidamente bajo la tiranía, en la injusticia, la ignorancia y la miseria”.
Nosotros todos Caribeños, Africanos, hombre y mujeres de color, de inteligencia y de bondad, tenemos un deber de memoria hacia Firmin. Su más grande contribución fue el establecimiento de mejores relaciones sociales y raciales entre los hombres y las mujeres del planeta. Conmemorar a Firmin, es también rendirle homenaje a la contribución de los pueblos caribeños a la causa del progreso general de la Humanidad. El fue un gigante de nuestro Caribe.
Muchas gracias.
La Habana, 28 de septiembre del 2011.
(INTERVENCION DEL EXCELENTISIMO SEÑOR JEAN VICTOR GÉNÉAUS, EMBAJADOR DE LA REPUBLICA DE HAITI EN CUBA, EL 28 DE SEPTIEMBRE DEL 2011, EN LAS CASA DE LAS AMERICAS)
El excelentisimo señor Embajador JEAN VICTOR GÉNÉAUS expuso sus apreciaciones sobre la vida y la obra de Joseph Antenor Firmin.
Hoy, el pueblo heroico y solidario de Cuba, a través de una de sus instituciones faro, la Casa de las Américas, conmemora el Centenario de la muerte de Joseph Anténor Firmin.
Es para mí un honor estar aquí, no solo para rendir homenaje a este Haitiano vertical, a esta lumbrera del siglo XIX, a este promotor de la solidaridad caribeña, sino también para expresar nuestra gran satisfacción, y la del pueblo haitiano, por este gesto de hermandad de nuestro gran vecino del Caribe. Agradezco a Casa de las Américas el haberme invitado a compartir con ustedes algunas de las facetas de la vida y de la obra de este político que defendió los intereses nacionales y de nuestros hermanos caribeños.
Joseph Anténor Firmin era abogado, jurista, periodista, parlamentario, constitucionalista, antropólogo, historiador, economista especializado en cuestiones financieras, publicista, diplomático, y un hombre de Estado.
Sería pretencioso de mi parte y, materialmente imposible, querer pasar revista, en algunos minutos, de la carrera política de este gigante caribeño multidimensional del pensamiento y de la acción.
Firmin antirracista.
Conmemorar a Firmin, 100 años después de su muerte, se justifica por numerosas razones. Este gran militante del pensamiento científico fue el portador del estandarte de la lucha de los pueblos de color contra la pretensión de Occidente de hacer comprender al mundo que tenía el monopolio del conocimiento y del saber.
El aporte fundamental de Firmin fue el de impugnar y desenmascarar, sin demagogia y con argumentos científicos, a los grandes pensadores occidentales de su tiempo con el dominio de la Filosofía, de la Antropología, de la Sociología y de la Historia.
Este gran combate del pensamiento se produjo en Francia, país que dominaba en ese entonces la divulgación de la información a escala mundial y en donde se encontraba el punto de origen de las grandes corrientes del pensamiento. Reyes, emperadores y príncipes reinaban, durante esa época, como señores, mientras que el racismo servía de pedestal ideológico al colonialismo en expansión. Es en el mismo corazón de este templo de la inteligencia europea que el disidente intelectual haitiano, Firmin, rechazó las tesis anticientíficas del Conde Joseph Arthur de Gobineau, utilizadas también por los racistas para prolongar la esclavitud y por los colonos para dominar y desmembrar el continente africano.
Firmin, natural de un país que victoriosamente logró liberarse del yugo inhumano de la esclavitud y del colonialismo, hizo, sin lugar a dudas, una enorme contribución a la Humanidad desenmascarando el argumento anticientífico de la desigualdad de las razas. Firmin, que solamente tenía 33 años, también simbolizaba al hombre de color que no tenía ningún complejo ante el hombre blanco.
Investigadores, historiadores, periodistas y otros intelectuales acudieron a rendir homenaje a Joseph Antenor Firmin.
Los dirigentes políticos de nuestro Caribe le prestaron una atención particular a las ideas antirracistas difundidas por Firmin. Según el historiador cubano Rolando Rodríguez, entre los documentos que Martí llevaba consigo al morir en Dos Ríos, se encontraban notas escritas en un cuaderno concitas y aforismos en francés, y algunas en alemán, español y latín. Una revisión meticulosa de estos documentos permitió a este investigador descubrir que las notas tomadas por Martí provenían del libro de Firmin “De la Igualdad de las Razas Humanas”, que constituye una respuesta científica a la tesis racista expusta por Gobineau en su célebre “Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas”.
Por otra parte, en 1908, en el año en que se crea en Cuba el Partido Independiente de Color, Joseph Anténor Firmin es nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República de Haití ante el Gobierno de la República de Cuba. Posteriormente, el 3 de marzo de 1909, presentó las Cartas Credenciales que lo acreditaban como tal.
Muy temprano, Firmin fue testigo de la lucha conducida por el Partido de los Independientes de Color contra el racismo y por la justicia social. Mantuvo relaciones de amistad con algunos de sus principales dirigentes, como Evaristo Estenoz y Pedro Ivonet, de origen haitiano. En el hotel “Las Américas”, donde tenía su residencia, los recibía y sostenía con ellos discusiones animadas sobre la situación política en Cuba y donde consideraba su lucha como una causa justa. Estos contactos irritaron a las autoridades cubanas por considerarlos como una injerencia inadmisible en los asuntos internos del país. Como castigo, Firmin fue transferido de su puesto en Cuba como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Haití ante la corona británica.
El acto represivo más brutal llevado a cabo durante el gobierno de José Miguel Gómez (1909 a 1913) fue, a nuestro juicio, el aplastamiento de la llamada “Guerrita de los Negros”, o la “Masacre de 1912” o la “Guerra de las Razas”, motivado, fundamentalmente, por el temor a que en Cuba se produjera otra revolución negra como había sucedido en Haití en 1804; es decir, estaba presente el síndrome del miedo al negro dentro de una sociedad racista. Recordemos que con la pseudo-república iniciada en 1902, se posibilitó el ascenso de figuras de color en la política, aunque esto, desde luego, no garantizó el efectivo cumplimiento del artículo de igualdad constitucional.
Firmin: un Apóstol de la integración y de la solidaridad.
En 1880, se constituyó en París una célula de intelectuales latinoamericanos y caribeños cuyas reflexiones se focalizaron en la necesidad de alcanzar una solidaridad activa entre los pueblos de esta región. Es así que nace el proyecto de la creación de una Confederación Antillana que integraría a las naciones de la América Central, a los tres países bolivarianos con costas al Mar Caribe (Venezuela, Ecuador y Colombia) y a las Antillas. Después de la muerte del colombiano Torres Caceido, el sueño era, por sugerencia del puertorriqueño Ramón Emeterio Betances, agrupar en una federación a las islas hispanoparlantes, anglófonas y francófonas del Caribe. Los protagonistas de esta Confederación fueron, entre otros, Betances, Martí, Carvajal, Hostos, Luperón y Firmin.
Es importante destacar que aunque Firmin no tenía ni la visión ni la sensibilidad antimperialista de Martí, quien había vivido en las “entrañas del monstruo”, sí estaba consciente del peso y de las consecuencias político-económicas que traería para la región caribeña que el naciente imperialismo norteamericano lograse el control total de las Antillas, si tenemos en cuenta su estratégica posición geográfica.
Recordemos que el tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, deseaba, abiertamente, que “Cuba y las islas de la región caribeña fueran anexadas como adición natural y bienvenidas al confort americano”.
La dimensión de una confederación antillana y las dificultades inherentes a su materialización no quebrantaron el impulso y el compromiso adquirido por sus protagonistas. En una de las correspondencias dirigidas a Firmin, Carvajal le recordaba que “las aspiraciones expresadas en esta idea son difíciles de realizar, no obstante ser elevadas y nobles. Usted que es uno de nuestras más altas personalidades, a quien le interesa mucho el destino de los pueblos, no debe quedar indiferente… Y quizás Usted sea uno de los maestros cuyo consejo elevado deba guiar nuestra marcha, a través de senderos desconocidos, hasta el límite de nuestras justas aspiraciones, que son las de formar un estado de todas las islas antillanas.
Nosotros hemos constatado la grandeza de la obra y considerado seriamente la distancia que nos separa para su realización; pero cualquiera que sea, estamos decididos a comenzar la tarea”.
Anténor Firmin también conoció a Antonio Maceo. El 5 de noviembre de 1889, bajo el Gobierno de Florvil Hyppolite, Antonio Maceo regresó a Haití. Si bien el mandatario haitiano le había prometido a España observar la más estricta neutralidad en los asuntos de Cuba, Anténor Firmin, en ese entonces Ministro de Relaciones Exteriores, cubrió al ilustre visitante de elogios y de atenciones, haciéndolo olvidar, a través de esta acogida hospitalaria, los malos recuerdos dejados por la actitud hostil del Presidente Salomon durante su estancia en Haití en 1879.
Cuatro años más tarde, el 5 de junio de 1893, durante uno de los viajes de José Martí a Cabo Haitiano en la preparación de la Guerra del 95, después de una estancia de dos días en Montecristi, se produjo el único encuentro entre el Maestro y Firmin, el “haitiano extraordinario”. Martí llevaba consigo una carta de recomendación que le había entregado en París el Dr. Ramón Emeterio Betances, líder independentista de Puerto Rico de renombre internacional. Es el mismo Betances que publicó en español un discurso de Wendell Philipps sobre Toussaint Louverture y una biografía del Presidente Alexandre Pétion. Este gran líder puertorriqueño visitó Haití en 1870 con vistas a obtener el apoyo del Presidente Nissage Saget a la causa independentista de Cuba y de Puerto Rico. Firmin declaró lo siguiente respecto a su encuentro con Martí.
“El gran patriota a quien Cuba reconociéndolo le otorgó el título de Apóstol, se presentó en nombre del Doctor Betances, quien le aconsejó visitarme. Nuestra conversación se desarrolló sobre el gran tema de la independencia cubana y la posibilidad de la creación de una confederación antillana. Salvo por las dificultades prácticas, estuvimos absolutamente de acuerdo sobre los principios.
Experimentamos el uno por el otro una simpatía irresistible. Puesto al corriente de la empresa audaz que este hombre elocuente, inspirado por una grandeza espiritual poco común, fomentaba, preparaba y preconizaba con una devoción apostólica, tomé la decisión de hacer todo lo que debía hacer a favor de esta causa sagrada entre todos”.
Firmin es conocido, sobre todo, como el patriota haitiano que se enfrentó al Contraalmirante americano Bancroft Gherardi en sus pretensiones de obtener la cesión del Mole de St Nicolas para convertirlo en una base de avituallamiento de la marina americana. Este enviado especial llegó a Haití el 26 de enero de 1891 a bordo del barco de guerra Filadelfia y convocó inmediatamente al Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario americano, Frederick Douglas, para informarle de su nominación como Enviado Especial encargado de conducir las negociaciones.
Dos días más tarde, el 28, fue recibido en el Palacio Nacional por el Presidente Hyppolite acompañado de su Ministro de Asuntos Extranjeros, Anténor Firmin. Sin rodeos, el Almirante presenta las reclamaciones del Gobierno americano, las que tenían por fundamento, según este Enviado muy especial, los servicios rendidos durante la lucha por el derrocamiento del Gobierno de François Denis Légitime y las promesas realizadas por los agentes de Hyppolite y de Firmin en el mismo período. Esta exigencia fue rechazada con firmeza y mucho tacto por Firmin quien no solamente negó que una promesa de ese tipo hubiera sido hecha nunca, sino también demandó que la solicitud fuera hecha por escrito y firmada. El Contraalmirante señaló que ningún acuerdo formal fue suscrito, pero insistió en que Hyppolite llegó al poder gracias a la ayuda americana.
La solicitud fue preparada a bordo del barco de guerra Filadelfia y llevaba solamente la firma del Contraalmirante Gherardi. Cuando ésta fue presentada al Canciller haitiano, quien estaba bien imbuido de las sutilezas técnicas de la diplomacia, reclamó al Contraalmirante la comisión que lo autorizaba a llevar a cabo semejante negociación, los términos de referencia y las instrucciones que la acompañaban. Su argumento fue que los Estados Unidos no estaban legalmente amparados por un acorde firmado bajo estas condiciones.
Ante el retraso del envío, por las vías regulares, de los documentos oficiales reclamados por la parte haitiana, el Contraalmirante decidió regresar a los Estados Unidos sin haber cumplido su misión. Una de las cláusulas del contrato leonino presentado por el Contraalmirante estipulaba “que mientras el tiempo que los Estados Unidos controlase el Mole St Nicolas, Haití no estaba autorizada a conceder ventajas, privilegios o concesiones a ninguna potencia, estado o gobierno en ningún puerto o porción de su territorio”. De hecho, el poder del gobierno haitiano sobre su propio territorio estaría limitado. Pero el Canciller Firmin, bien plantado en sus sentimientos nacionalistas, utilizó todos los procesos dilatorios para rechazar una demanda que atentaba contra la soberanía de Haití. Este caso es un ejemplo de la política de las cañoneras del que fue víctima Haití a lo largo de su historia.
Otro de los casos en los cuales el Canciller Firmin resistió las presiones americanas fue el asunto de William Clyde. Se trata de un agente de una compañía marítima americana, bien conectado en las esferas del Ejecutivo americano, que exigía del gobierno haitiano 500,000 dólares como subvención para el aumento del número de barcos a vapor entre Nueva York y Haití. En caso de que su solicitud fuera rechazada, él amenazaba con exigir el pago de una indemnización a todos los ciudadanos americanos por las pérdidas ocasionadas durante la guerra.
El Gobierno Haitiano, a través de su Canciller y Ministro de Finanzas, Anténor Firmin, rechazó aceptar esta solicitud que ocasionaría una sangría substancial sobre el tesoro público. Frederick Douglas, en esa época Embajador americano en Haití, consideró esta reclamación como vergonzosa, deshonesta y escandalosa, y rechazó apoyarla.
En estos dos casos, es necesario reconocer, la pasiva complicidad de este Jefe de Misión que ayudó a la diplomacia haitiana a salir de este embrollo. Es importante explicar el contexto en el cual se produjo este hecho. Los Estados Unidos reconocieron la independencia de Haití 58 años después, a pesar de la contribución apreciable realizada por los voluntarios venidos de St Domingue en la batalla de Savannah. Las intenciones expansionistas americanas en el Caribe comenzaron a precisarse. Ellos ambicionaban anexarse la República Dominicana o en caso de fracasar, obtener la concesión de la bahía de Samana, y en los casos de Cuba y de Puerto Rico, en la exclusión de España.
Firmin murió el 19 de septiembre de 1911 en St Thomas a la edad de 61 años, lejos de su tierra natal. Cien años después de su desaparición física, continúa siendo una de las figuras más emblemáticas de la vida política e intelectual haitiana. Fue un demócrata, un progresista, un visionario, un nacionalista, un intelectual de alto nivel. Nunca fue un Jefe de Estado, pero fue un gran hombre de Estado.
Por las ideas que él defendió, su discurso sobre la emancipación de los hombres y las mujeres de color sojuzgadas por el colonialismo y el racismo, su defensa del principio del derecho de los pueblos a vivir en libertad, su gran sueño de un Haití democrático y libre, de un Caribe unido y solidario, es que es más que legítimo y necesario rendirle homenaje a este gran hombre en su centenario de su muerte. En la obra científica de Firmin y en sus escritos políticos predomina su preocupación por el bien común y por el bienestar colectivo. El decía: “Ningún pueblo puede vivir indefinidamente bajo la tiranía, en la injusticia, la ignorancia y la miseria”.
Nosotros todos Caribeños, Africanos, hombre y mujeres de color, de inteligencia y de bondad, tenemos un deber de memoria hacia Firmin. Su más grande contribución fue el establecimiento de mejores relaciones sociales y raciales entre los hombres y las mujeres del planeta. Conmemorar a Firmin, es también rendirle homenaje a la contribución de los pueblos caribeños a la causa del progreso general de la Humanidad. El fue un gigante de nuestro Caribe.
Muchas gracias.
La Habana, 28 de septiembre del 2011.
domingo, noviembre 09, 2008
HOMENAJE A DESSALINES A 250 AÑOS DE SU NATALICIO
La Habana, 26 oct 2008.- “Haití ante sus desafíos, a los 250 años del nacimiento de Jean Jacques Dessalines” es el enunciado de la convocatoria efectuada por integrantes de la comunidad de haitianos y sus descendientes en provincia de Ciudad de la Habana para homenajear al patriota caribeño.
Lo anterior fue dado a conocer este sábado en la Casa de la Cultura del Cotorro durante la celebración del Día Internacional del Creole, que contó con la asistencia del doctor Jean Maxius Bernard, Consejero y Encargado de asuntos culturales de la Embajada de Haití en Cuba.
Jean Jacques Dessalines nació en Guinea el 20 de septiembre de 1758, capturado en su juventud y llevado a Haití como esclavo. Participó no sólo en la rebelión desarrollada desde 1791 contra el dominio esclavista sino que se convirtió en una de las principales figura de la Revolución haitiana.
La jornada de tributo al fundador de la patria haitiana se extenderá hasta el 17 de octubre del 2009, aniversario del asesinato de este líder en el 1806, y se proponen un conjunto de acciones reflexivas y culturales a organizaciones, entidades estatales, personalidades, estudiantes y otros componentes de la sociedad cubana.
El doctor Bernard expuso sobre el rol de Jean Jacques Dessalines en la Revolución haitiana y la significación de su personalidad en la historia de ese país y del llamado Nuevo Mundo.
La Habana, 26 oct 2008.- “Haití ante sus desafíos, a los 250 años del nacimiento de Jean Jacques Dessalines” es el enunciado de la convocatoria efectuada por integrantes de la comunidad de haitianos y sus descendientes en provincia de Ciudad de la Habana para homenajear al patriota caribeño.
Lo anterior fue dado a conocer este sábado en la Casa de la Cultura del Cotorro durante la celebración del Día Internacional del Creole, que contó con la asistencia del doctor Jean Maxius Bernard, Consejero y Encargado de asuntos culturales de la Embajada de Haití en Cuba.
Jean Jacques Dessalines nació en Guinea el 20 de septiembre de 1758, capturado en su juventud y llevado a Haití como esclavo. Participó no sólo en la rebelión desarrollada desde 1791 contra el dominio esclavista sino que se convirtió en una de las principales figura de la Revolución haitiana.
La jornada de tributo al fundador de la patria haitiana se extenderá hasta el 17 de octubre del 2009, aniversario del asesinato de este líder en el 1806, y se proponen un conjunto de acciones reflexivas y culturales a organizaciones, entidades estatales, personalidades, estudiantes y otros componentes de la sociedad cubana.
El doctor Bernard expuso sobre el rol de Jean Jacques Dessalines en la Revolución haitiana y la significación de su personalidad en la historia de ese país y del llamado Nuevo Mundo.
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JEAN JACQUES DESSALINES
CONVOCAN A CONMEMORAR EN CUBA LOS 250 AÑOS DEL
NATALICIO DEL GENERALISIMO JEAN JACQUES DESSALINES

REPUBLICA DE CUBA
COMITÉ DE LOS 250 AÑOS DEL NATALICIO DEL
GENERALISIMO JEAN JACQUES DESSALINES
CONVOCATORIA
TEMA: HAITI ANTE SUS DESAFIOS A LOS 250 ANOS
DEL NATALICIO DE JEAN JACQUES DESSALINES
Bajo la idea de "Haití ante sus desafíos, a los 250 años del natalicio de Jean Jacques Dessalines", ocurrido en Guinea el 20 de septiembre del 1758, se convoca a organizaciones, entidades estatales, personalidades, estudiantes y otros componentes de la sociedad a rendir tributo al fundador de la patria haitiana.
El intercambio teórico sobre Jean Jacques Dessalines permitirá establecer su rol en la revolución haitiana y la significación de su personalidad en la historia de este país y del Nuevo Mundo.
Líder de la Revolución haitiana, proclamó la independencia del país el primero de enero de 1804.
Este aniversario constituye una especial ocasión para reflexionar, fijar conceptos, proyectos y acciones con motivo de la situación actual de Haití en pro del desarrollo económico y social para todos los haitianos.
Igualmente, para intercambiar sobre el aumento, integralidad y permanencia de la cooperación en todos los ámbitos con esa nación.
La conmemoración abarcará el período del 25 de octubre de 2008 hasta el 17 de octubre del 2009, fecha en que se conmemora la muerte de Jean Jacques Dessalines en 1806.
El conjunto de acciones a desplegar en esta jornada comprende paneles, mesas redondas, coloquios, conferencias, talleres, exposiciones, concursos en las más variadas formas de intercambios teóricos.
También, publicaciones, presentaciones de documentales, divulgación de las actividades nacionales e internacionales vinculadas a Jean Jacques Dessalines y a Haití.
Un aspecto muy importante de este homenaje lo constituirá la reafirmación de los potenciales aportes de toda naturaleza de la comunidad de haitianos y sus descendientes residentes en Cuba, de los estudiantes haitianos radicados en el país y de los demás componentes de la sociedad cubana en apoyo a los desafíos que enfrenta el pueblo haitiano.
Los interesados en participar en la jornada deberán comunicarse directamente con el COMITÉ DE LOS 250 AÑOS DEL NATALICIO DEL GENERALISIMO JEAN JACQUES DESSALINES.
En La Habana:
Gonzalo Artido Consuelo Doris Díaz Raimundo Gomez
Telf. (537) 832 4101 Tel: (537) 881-3506 Telf. (537) 832-6901
e-mail : ray@ain.cu
Cotorro, 25 de octubre del 2008
NATALICIO DEL GENERALISIMO JEAN JACQUES DESSALINES
REPUBLICA DE CUBA
COMITÉ DE LOS 250 AÑOS DEL NATALICIO DEL
GENERALISIMO JEAN JACQUES DESSALINES
CONVOCATORIA
TEMA: HAITI ANTE SUS DESAFIOS A LOS 250 ANOS
DEL NATALICIO DE JEAN JACQUES DESSALINES
Bajo la idea de "Haití ante sus desafíos, a los 250 años del natalicio de Jean Jacques Dessalines", ocurrido en Guinea el 20 de septiembre del 1758, se convoca a organizaciones, entidades estatales, personalidades, estudiantes y otros componentes de la sociedad a rendir tributo al fundador de la patria haitiana.
El intercambio teórico sobre Jean Jacques Dessalines permitirá establecer su rol en la revolución haitiana y la significación de su personalidad en la historia de este país y del Nuevo Mundo.
Líder de la Revolución haitiana, proclamó la independencia del país el primero de enero de 1804.
Este aniversario constituye una especial ocasión para reflexionar, fijar conceptos, proyectos y acciones con motivo de la situación actual de Haití en pro del desarrollo económico y social para todos los haitianos.
Igualmente, para intercambiar sobre el aumento, integralidad y permanencia de la cooperación en todos los ámbitos con esa nación.
La conmemoración abarcará el período del 25 de octubre de 2008 hasta el 17 de octubre del 2009, fecha en que se conmemora la muerte de Jean Jacques Dessalines en 1806.
El conjunto de acciones a desplegar en esta jornada comprende paneles, mesas redondas, coloquios, conferencias, talleres, exposiciones, concursos en las más variadas formas de intercambios teóricos.
También, publicaciones, presentaciones de documentales, divulgación de las actividades nacionales e internacionales vinculadas a Jean Jacques Dessalines y a Haití.
Un aspecto muy importante de este homenaje lo constituirá la reafirmación de los potenciales aportes de toda naturaleza de la comunidad de haitianos y sus descendientes residentes en Cuba, de los estudiantes haitianos radicados en el país y de los demás componentes de la sociedad cubana en apoyo a los desafíos que enfrenta el pueblo haitiano.
Los interesados en participar en la jornada deberán comunicarse directamente con el COMITÉ DE LOS 250 AÑOS DEL NATALICIO DEL GENERALISIMO JEAN JACQUES DESSALINES.
En La Habana:
Gonzalo Artido Consuelo Doris Díaz Raimundo Gomez
Telf. (537) 832 4101 Tel: (537) 881-3506 Telf. (537) 832-6901
e-mail : ray@ain.cu
Cotorro, 25 de octubre del 2008
miércoles, octubre 24, 2007
JOSE A. MARTINEZ ALCANTARA, EL INTERNACIONALISTA (22-10-2004)
Significó mucho para mí cumplir la misión a la que me mandó la Revolución en Angola, como combatiente reservista.
Allí libré acciones directas combatiendo al enemigo de ese pueblo africano, pagando, como ya se ha dicho por Fidel Castro, esa deuda moral que tenemos los cubanos con los hijos de Africa que fueron arrebatados por la fuerza por los colonialistas, y traídos como esclavos tanto para Cuba, como para Haití y las demás zonas del Nuevo Continente.
Soy trabajador de la empresa ECOI-18, de Florida, Camaguey, en el Contingente Julio Sanguily. Antes trabajé en la Empresa de Cultivos Varios de Florida, en la que dediqué parte de mi juventud, participando directamente en labores de construcción.
A lo largo de los años he participado en la construcción de muchas de las escuelas y viviendas que hoy cuenta este municipio de Florida.
Soy hijo de haitianos. Mi padre se llamaba Medeise Almazan y le decían Chode. Nació en O Cayes. Mi abuelo, Camile Almazan , también de O Cayes, vino hacia Cuba en 1902, después regresó a Haití e hizo un par de viajes más a Cuba.
En 1948 vinieron a Cuba y entonces, se quedaron aquí. Se establecieron en Palma Soriano, provincia de Santiago de Cuba, para la recogida de café. Después se trasladaron hacia la colonia Santiago Pérez, en el actual municipio Carlos Manuel de Céspedes, provincia de Camaguey, donde se incorporaron al corte de caña y otras labores agrícolas como la chapea, surque de caña y otras tareas.
Mi padre se casó con mi mamá, una cubana, en Vega Honda, en Palma Soriano, antigua provincia de Oriente. Después se mudaron para Florida, en Camaguey.
Nací en 1955.
Ellos me dieron una educación que fue más allá de la que recibí en la escuela. Me prepararon para la vida, para el trabajo. Mi padre me enseñaba ha hablar en creole y me insertó en los primeros pasos y participé en algunos cortes de caña aún siendo menor.
Pero ello no impidió que siempre velara porque yo estudiara. Luchó mucho porque alcanzar los estudios superiores.
Mi padre nos narraba cómo era la vida en Haití, cómo se trabajaba allá, cómo se ayudaban unos a otros, cómo compartían sus terrenos y los cosechaban. Tenían, incluso, trapiches criollos y molían la caña.
También contaba sobre la venta que se hacía de los productos. Decía que se reunían en un lugar determinado como especie de un mercado, para vender los productos. Constantemente nos hacía anécdotas sobre eso y nos enseñaba, incluso, fotos que conservaba de esa época.
Estudié la enseñanza media superior en La Habana y continué y me gradué como Ejecutor de Obra Civil, mi actual profesión.
Me encontraba trabajando en la Empresa de Cultivos Varios de Florida me seleccionaron para cumplir la misión internacionalista en Angola.
Participé en aquella contienda y tuve un desempeño que fue reconocido. Tengo cinco o seis medallas, dos o tres estímulos y medallas de Primera Clase, como la Medalla Antonio Maceo, la Medalla Distinguida de Angola Agostino Neto, recibida por una labor realizada allá, y recientemente me hicieron llegar y entregaron aquí en Cuba la Medalla de la República Popular de Angola.
Cumplí sencillamente con la Revolución, su mandato de internacionalismo proletario, al igual que miles y miles de cubanos que han actuado en defensa de la Revolución, como ahora lo han mostrado los cinco cubanos prisioneros del imperio por haber luchado contra el terrorismo en los propios Estados Unidos de Norteamérica.
Significó mucho para mí cumplir la misión a la que me mandó la Revolución en Angola, como combatiente reservista.
Allí libré acciones directas combatiendo al enemigo de ese pueblo africano, pagando, como ya se ha dicho por Fidel Castro, esa deuda moral que tenemos los cubanos con los hijos de Africa que fueron arrebatados por la fuerza por los colonialistas, y traídos como esclavos tanto para Cuba, como para Haití y las demás zonas del Nuevo Continente.
Soy trabajador de la empresa ECOI-18, de Florida, Camaguey, en el Contingente Julio Sanguily. Antes trabajé en la Empresa de Cultivos Varios de Florida, en la que dediqué parte de mi juventud, participando directamente en labores de construcción.
A lo largo de los años he participado en la construcción de muchas de las escuelas y viviendas que hoy cuenta este municipio de Florida.
Soy hijo de haitianos. Mi padre se llamaba Medeise Almazan y le decían Chode. Nació en O Cayes. Mi abuelo, Camile Almazan , también de O Cayes, vino hacia Cuba en 1902, después regresó a Haití e hizo un par de viajes más a Cuba.
En 1948 vinieron a Cuba y entonces, se quedaron aquí. Se establecieron en Palma Soriano, provincia de Santiago de Cuba, para la recogida de café. Después se trasladaron hacia la colonia Santiago Pérez, en el actual municipio Carlos Manuel de Céspedes, provincia de Camaguey, donde se incorporaron al corte de caña y otras labores agrícolas como la chapea, surque de caña y otras tareas.
Mi padre se casó con mi mamá, una cubana, en Vega Honda, en Palma Soriano, antigua provincia de Oriente. Después se mudaron para Florida, en Camaguey.
Nací en 1955.
Ellos me dieron una educación que fue más allá de la que recibí en la escuela. Me prepararon para la vida, para el trabajo. Mi padre me enseñaba ha hablar en creole y me insertó en los primeros pasos y participé en algunos cortes de caña aún siendo menor.
Pero ello no impidió que siempre velara porque yo estudiara. Luchó mucho porque alcanzar los estudios superiores.
Mi padre nos narraba cómo era la vida en Haití, cómo se trabajaba allá, cómo se ayudaban unos a otros, cómo compartían sus terrenos y los cosechaban. Tenían, incluso, trapiches criollos y molían la caña.
También contaba sobre la venta que se hacía de los productos. Decía que se reunían en un lugar determinado como especie de un mercado, para vender los productos. Constantemente nos hacía anécdotas sobre eso y nos enseñaba, incluso, fotos que conservaba de esa época.
Estudié la enseñanza media superior en La Habana y continué y me gradué como Ejecutor de Obra Civil, mi actual profesión.
Me encontraba trabajando en la Empresa de Cultivos Varios de Florida me seleccionaron para cumplir la misión internacionalista en Angola.
Participé en aquella contienda y tuve un desempeño que fue reconocido. Tengo cinco o seis medallas, dos o tres estímulos y medallas de Primera Clase, como la Medalla Antonio Maceo, la Medalla Distinguida de Angola Agostino Neto, recibida por una labor realizada allá, y recientemente me hicieron llegar y entregaron aquí en Cuba la Medalla de la República Popular de Angola.
Cumplí sencillamente con la Revolución, su mandato de internacionalismo proletario, al igual que miles y miles de cubanos que han actuado en defensa de la Revolución, como ahora lo han mostrado los cinco cubanos prisioneros del imperio por haber luchado contra el terrorismo en los propios Estados Unidos de Norteamérica.
martes, marzo 27, 2007
VENEZUELA: MUNICIPIO DE ASENTAMIENTOS Y GRANDES TRADICIONES DE LA CULTURA HAITIANA
Por: M.Sc. Silvia Alvarez Ramos.
El conocido hoy como municipio de Venezuela, en la provincia Ciego de Avila, porción central de la República de Cuba, constituye uno de los lugares donde se asentaron en número importante los inmigrantes haitianos arribados a la Isla como braceros para la zafra azucarera en las primeras décadas del siglo XX.
La historia y surgimiento de estos predios se remontan al siglo XVI.
En 1577 el cabildo de Sancti Spíritus, a cuya jurisdicción pertenecían las tierras que hoy conforman la provincia de Ciego de Ávila, hizo la demarcación de un número considerable de hatos y corrales, entre ellos se encontraban: Ciego de Ávila, Las Chambas, Nauyú, Los Perros, Morón, La Guira, Júcaro, Baraguá, Lázaro López, Dos Hermanas, entre otros.
Estas tierras estaban habitadas por indios organizados y divididos en dos cacicazgos: el de Ornofay, al sur, y el de Cubanacán, al norte, subdividiendo a poblados que los colonizadores llamaron “paraderos” y entre ellos se encontraba “Sabanalamar.”
En el libro La fiesta de los Tiburones señala su autor, el avileño Reinaldo González premio Nacional de Literatura:…”Y empezó a oírse el nombre del Quince y Medio que hasta ese momento pocos conocíamos. Venían hombres de negocios, sembradores y carpinteros preguntando por el Quince y Medio.
“La gente empezó a mudarse y aquello parecía una feria. Venían con familias enteras, bultos de ropas y cuanto Dios creó. Mientras más llegaban más pedía el ingenio nuevo.
“En Ciego de Avila todo el mundo sacaba la cuenta de qué sabía hacer y qué iba a declarar cuando le preguntaran los de la compañía. No había otro tema. Esperábamos matar el hambre vieja con el ingenio.
“Vinieron de muchas partes: isleños, asturianos, jamaiquinos, haitianos, y hasta chinos vi por aquí. No le diré que tantos como iban a venir después, pero algunos chinos descarriados ya andaban por el Quince y Medio en los primeros tiempos del ingenio.

“A partir de 1910 se incrementan sustancialmente los capitales de comerciantes en el Quince y Medio predominando el español, el chino y el nativo en menor escala. Así surgieron tiendas de víveres, de ropa y calzado, varios cafés y bares, una carretería para reparar estos equipos, dos tejares, que producían ladrillos de arcilla para la industria azucarera y otros usos, así como porrones y otros utensilios, fondas, gasolineras, ferreterías, talabarterías, herrería, panadería, un pequeño matadero de reses y un hotel entre otros; carnicería, limpiabotas ambulantes, tren lavado de ropa manejado por lo general por chinos, cine-teatro, servicio de acueducto privado de la familia Sánchez, cocheros de ómnibus privado, e incluso en el lugar funcionaba la alcaldía mi barrio”.
“Con la llegada de la Primera Guerra Mundial este comercio prosperó notablemente y continuó su compás de desarrollo paralelamente al auge de la producción azucarera, surgiendo incluso una sucursal bancaria que desapareció con la crisis de 1921.
“El poblado floreció y se convirtió en el centro comercial de mayor importancia del territorio. Como los dueños del central no permitían en sus predios otros intereses que no fueran los de la compañía esta medida favorecía directamente el gran desarrollo que alcanzó el Quince y Medio.
“Allí se efectuaba el comercio con las áreas rurales, los mítines y actos políticos, se encontraban ubicados el local del Sindicato Azucarero, los locales de los partidos políticos…Todo este desarrollo del comercio posibilitó que floreciera una pequeña burguesía en el pintoresco poblado.
“Otro de los factores que incidió en este florecimiento fue el ferrocarril de Júcaro a Morón, debido a que en el centro del pueblo fue construido el paradero o estación de Silveira, lo cual facilitaba el transporte de mercancía y mensajeros. Aunque existía un camino desde este lugar hasta la ciudad de Ciego de Ávila, el mismo se encontraba en muy malas condiciones y en época de lluvia era prácticamente intransitable, por lo que el ferrocarril monopolizaba todas las transportaciones hasta este lugar.
“Por este desarrollo que va adquiriendo el central Stewart y el poblado del Quince y Medio, la compañía norteamericana permite la fundación del Club Social del central Stewart, que contó siempre con la ayuda de Gumersindo Camacho, administrador de la entidad, quién fue desde el año 1927 el presidente de honor del mismo. El club era solamente para blancos de prestigio y empleados de confianza del ingenio, para la selección de los “socios”, entraban a jugar diferentes factores como: posición política y económica, rasgos físicos y vínculos con la raza negra”.
El desarrollo de este tipo de institución fue tan importante que los cronistas de la época señalaban que:…”En el central Stewart se ha de encontrar el viajero una capital en miniatura, donde resplandece una sociedad fina, culta y adinerada. El Club social es una demostración evidente. Quizás en la mayor parte de los pueblos de la República conozcan este centro social adonde acude un escogido grupo cuyo rasgo principal se encuentra en el espíritu de distinción que le anima y ennoblece.”
LA INMIGRACION HAITIANA
En las décadas iniciales de los años 1800 se conoce que llegaron los primeros inmigrantes haitianos a la isla, esa vez como esclavos de las dotaciones de colonos franceses.
Entre los años 1913-1921 embarcan hacia la Isla alrededor de 81000 haitianos como braceros para la zafra azucarera, que se asentaron fundamentalmente en las antiguas provincias del Oriente del país y del Camagüey. En este período vinieron hombres solos, del 1923 al 1927 ocurre otra gran oleada migratoria, en el cual ya se hacen acompañar de sus esposas, las que ayudaron a costear los gastos y la economía de la familia con su trabajo, Poco a poco se fue haciendo numerosa la familia con los hijos y nietos que iban naciendo en esta tierra.
El trabajo de educarlos y mantenerlos fue muy difícil debido a que se contaba con 7, 10, 12, 14, 18 y hasta 20 hijos que por demás también fueron creando sus familias. En los bateyes no había escuelas ni maestros, los centros educacionales quedaban muy distantes y los padres, tratando de proteger a sus hijos contra cualquier tipo de peligro, no los matriculaban.
No había tampoco el dinero para realizar esos gastos porque la enseñanza se pagaba, no era gratuita. El dinero que entraba en la casa no daba para comer, mucho menos para pagar los libros, las libretas, el maestro y cuantas necesidades se presentasen. Entonces se enseñaba por tradición oral, o de lo contrario un haitiano mayor enseñaba el creóle a su manera, sin método de estudio.
En aquel tiempo era obligatorio prepararse para laborar en el campo en el caso de los varones y para labores domésticas las hembras. Se pueden citar como familias de muchos hijos en estos lares las de: Juliana Baró, Emilia Luis, Ernesto Martínez, las hermanas: Cristina, Inés y Emelina Ramos Martínez; todas ellas hijas y descendientes de haitianos.
A pesar de todo ello se mantenía en la conciencia y en los sentimientos del emigrado una idea fija: regresar de nuevo a su tierra después de haber alcanzado progreso económico y posición decorosa que le permitiera disfrutar de buen reconocimiento y estatus social.
Estas ideas fueron tronchadas; en realidad no era tan fácil obtener trabajo y dinero como se decía en los rumores que escucharon en su país; se vieron envueltos en un callejón sin salida, no les quedaba otro remedio entonces que quedarse y aplatanarse en una tierra que poco a poco los fue aceptando como verdaderos hijos, como patrimonio de su cultura.
El deseo de regresar a Haití nunca desapareció de sus mentes y mucho menos de sus corazones.
De esta forma la inmensa mayoría de inmigrantes de esta etnia, que llegaron de Camphenague, Les Cayes, La Zil, San Lois, Tobec y de Puerto Príncipe, se asientan y van apareciendo sus agrupaciones en los poblados en la otrora región de Ciego de Ávila en los centrales azucareros: Stewart, Jagüeyal, Santo Tomás, Jatibonico, Algodones y Ciego de Ávila. Fueron utilizados como mano de obra para las actividades inherentes a la caña de azúcar y plantaron su semilla y su sudor en zonas apartadas de donde había una vida urbana rodeada de grandes negocios, en los bateyes cercano a los cañaverales.
Cuenta el longevo de 105 años, Antonio Guerrero Néstor (Edgard Guerrier, en creóle), quien fue Delegado ante el Cónsul de Haití en Cuba en la provincia de Camaguey para representar los intereses de los haitianos que vivían en los centrales azucareros, que: “Los haitianos, al igual que los gallegos e isleños, venían a Cuba en búsqueda de dinero pero, a diferencia de estos últimos, los haitianos vivían en pésimas condiciones en barracones. Después los barracones se forraron y comenzaron todos a vivir juntos y nada se perdía, se dormía en hamacas y en yaguas. Después, los hombres trajeron a mujeres haitianas e hicieron sus casitas de yagua, vivieron allí y después el dueño de la finca les comenzó a darles materiales para que ellos pudieran arreglar el barracón. Eso solamente no era así en el Quince y Medio, sino en todos los pueblos de Cuba.”
En el año 1919 se funda el Liceo, sólo para blancos, del que eran socios lo más “selecto” de la pequeña burguesía comercial y los colonos. Se llevaron a efecto las elecciones reglamentarias como establecían las leyes de aquella época.
Ya en 1927 existen tres sociedades divididas por la posición social y el color de la piel: El Club Social del central Stewart, el Liceo del Quince y Medio y la Sociedad “Mariana Grajales”.
También se dieron pasos importantes para fundar el Club de Jagüeyal, ocurrido años más tarde, el que organizó las fiestas del Palenque de Jagüeyal, lugar que tuvo importante trascendencia histórica en la lucha revolucionaria del año 1959. En el poblado de Júcaro se comenzaban también a desarrollar algunas actividades de tipo social patrocinadas por el gremio de la localidad que se aglutinaría posteriormente para celebrar los días 8 de septiembre, las fiestas en honor a la Virgen de la Caridad del Cobre, la que se sacaba en procesión por el mar sincretizándose con la Virgen María, madre de Dios.
Los lugares donde se fueron asentando los haitianos y sus descendientes se les denominaba como colonia cañera (el nombre de colonia venía desde el tiempo de los españoles) porque era propiedad de un terrateniente el cual se conocía por el sobrenombre de colono.
Las colonias en estos lugares se llamaron: La Carmita, El Porvenir, Andrés Morgado, Chiva o Lazo de Oro, La Caoba, Los Morenos, Don Simón, Área, Chivo, La Ofelia, Rasco, Isidoro, Dumoy, Domínguez, Eduviges, Venezuela, Caballé, Pitajones, La Americana, Josefina, Morenos en el Quince y Medio, Cesáreo, Robaina, Palma, Bravo, La Susana, Pina I, y Pina II, Castillo, Tres Bateyes, Brunes, Gato Prieto, Candita, La Ignacia y, Guiro, Patato, Hoyo de la Palma, Progreso y Palmarito.
Precisamente, Antonio Guerrero Néstor, que fue la personalidad más distinguida de estos asentamientos, desempeñó un papel muy importante en función de unificar la comunidad haitiana en esta zona. Señala que ellos no fundaron ninguna asociación, ni crearon ningún club; se mantuvieron alejados de cualquier tipo de organización que pudiera inmiscuirse en su cultura, en sus ritos, tradiciones, costumbres o religión; mantuvieron su cultura cerrada e impenetrable ante aquellos, que curiosamente querían saber lo que no se podía ni se debía decir. Utilizaban para ello la comunicación en creóle, su idioma natal, que por tradición oral fueron aprendiendo sus hijos y nietos. Hubo quien, ajenos a ellos, poco a poco pudo ganarse su amistad y aprendió de golpe y porrazo la lengua que cada vez se hacía común escuchar.
Ni los propios descendientes pudieron saber con claridad muchos de sus misterios, de sus secretos y de sus poderes para la adivinación en los cultos, los que gozaban de gran popularidad y de aceptación de las personas que vivían en el batey y sus alrededores, fundamentalmente de los blancos, que vieron en el haitiano al individuo con poder sobrenatural para la curación, la predicción del futuro y la protección de las grandes tragedias que pudieran sobrevenirle.
Entre los ritos religiosos practicados por esta comunidad se encontraban los bembés haitianos (festín que movilizaba a todas las personas que amaban a los haitianos, que eran muchas y creían en sus milagros), la ceremonia del vodú, y la semana santa, en la que se le rendía culto a los ancestros en su propia casa.
Los bailes de salón de corte francés constituían una forma refinada y culta de manifestarse en la sociedad, se hacía gala del buen vestir, de las buenas maneras, de la buena conducta y de las excelentes relaciones que existían entre las familias haitianas que eran invitadas con antelación a bailar en una glorieta destinada a tales efectos, ejemplo de ello lo constituyó la familia de Julia Martínez (en creóle, Neilá Chéri).
Las comidas de preferencia fundamentalmente se centraban en: el congrís de frijol negro, colorado o gandúl, y el arroz blanco, el potaje de frijol negro o colorado con dakey, la sopa de pan, la carne de cerdo, el pollo criollo, el pescado o el tazajo, la vianda hervida, que podía ser ñame, la yuca, el boniato, la calabaza, el quimbombó cosechado en las parcelas de tierra o en el “sitio” que poseían alrededor de la casa; también era común el dulce de fabricación casera: de calabaza china, el bombón, maní, ajonjolí, boniatillo, arroz con leche, coco; también se cocinaba el pan haitiano; los dulces se fabricaban fundamentalmente por mujeres y en abundancia para ir a vender a los cortes de caña donde laboraban los hombres; también hacían bebidas de gran sabor: el liké y el tiféi; se vendían las botellas de ron y de vino.
También se celebraban las fiestas del Primero de Enero, fecha de la independencia, triunfo de la Revolución de Haití en 1804. Ese día las familias se saludaban, los mayores aprovechaban para aconsejar a los niños y jóvenes de la familia acerca de lo que era bueno y malo, de lo que se debía hacer y lo que no se debía hacer, del sentido de la honradez, honestidad, seriedad, del respecto a la dignidad humana y la consagración al trabajo para poder vivir con la frente en alto sin abochornarse del sudor de sus manos y no del trabajo ajeno, porque robar era el acto más vergonzoso y abominable en que un hijo, nieto o pariente podía incurrir. Estos hechos no se aceptaba en la familia; se tomaba sopa de pan con calabaza, se le hacían regalos a los pequeños. Era un día singular que se iba de batey en batey para felicitar y saludar a otros paisanos, se le deseaba lo mejor, tranquilidad, bienestar, paz y prosperidad.
Por: M.Sc. Silvia Alvarez Ramos.
El conocido hoy como municipio de Venezuela, en la provincia Ciego de Avila, porción central de la República de Cuba, constituye uno de los lugares donde se asentaron en número importante los inmigrantes haitianos arribados a la Isla como braceros para la zafra azucarera en las primeras décadas del siglo XX.
La historia y surgimiento de estos predios se remontan al siglo XVI.
En 1577 el cabildo de Sancti Spíritus, a cuya jurisdicción pertenecían las tierras que hoy conforman la provincia de Ciego de Ávila, hizo la demarcación de un número considerable de hatos y corrales, entre ellos se encontraban: Ciego de Ávila, Las Chambas, Nauyú, Los Perros, Morón, La Guira, Júcaro, Baraguá, Lázaro López, Dos Hermanas, entre otros.
Estas tierras estaban habitadas por indios organizados y divididos en dos cacicazgos: el de Ornofay, al sur, y el de Cubanacán, al norte, subdividiendo a poblados que los colonizadores llamaron “paraderos” y entre ellos se encontraba “Sabanalamar.”
En el libro La fiesta de los Tiburones señala su autor, el avileño Reinaldo González premio Nacional de Literatura:…”Y empezó a oírse el nombre del Quince y Medio que hasta ese momento pocos conocíamos. Venían hombres de negocios, sembradores y carpinteros preguntando por el Quince y Medio.
“La gente empezó a mudarse y aquello parecía una feria. Venían con familias enteras, bultos de ropas y cuanto Dios creó. Mientras más llegaban más pedía el ingenio nuevo.
“En Ciego de Avila todo el mundo sacaba la cuenta de qué sabía hacer y qué iba a declarar cuando le preguntaran los de la compañía. No había otro tema. Esperábamos matar el hambre vieja con el ingenio.
“Vinieron de muchas partes: isleños, asturianos, jamaiquinos, haitianos, y hasta chinos vi por aquí. No le diré que tantos como iban a venir después, pero algunos chinos descarriados ya andaban por el Quince y Medio en los primeros tiempos del ingenio.
“A partir de 1910 se incrementan sustancialmente los capitales de comerciantes en el Quince y Medio predominando el español, el chino y el nativo en menor escala. Así surgieron tiendas de víveres, de ropa y calzado, varios cafés y bares, una carretería para reparar estos equipos, dos tejares, que producían ladrillos de arcilla para la industria azucarera y otros usos, así como porrones y otros utensilios, fondas, gasolineras, ferreterías, talabarterías, herrería, panadería, un pequeño matadero de reses y un hotel entre otros; carnicería, limpiabotas ambulantes, tren lavado de ropa manejado por lo general por chinos, cine-teatro, servicio de acueducto privado de la familia Sánchez, cocheros de ómnibus privado, e incluso en el lugar funcionaba la alcaldía mi barrio”.
“Con la llegada de la Primera Guerra Mundial este comercio prosperó notablemente y continuó su compás de desarrollo paralelamente al auge de la producción azucarera, surgiendo incluso una sucursal bancaria que desapareció con la crisis de 1921.
“El poblado floreció y se convirtió en el centro comercial de mayor importancia del territorio. Como los dueños del central no permitían en sus predios otros intereses que no fueran los de la compañía esta medida favorecía directamente el gran desarrollo que alcanzó el Quince y Medio.
“Allí se efectuaba el comercio con las áreas rurales, los mítines y actos políticos, se encontraban ubicados el local del Sindicato Azucarero, los locales de los partidos políticos…Todo este desarrollo del comercio posibilitó que floreciera una pequeña burguesía en el pintoresco poblado.
“Otro de los factores que incidió en este florecimiento fue el ferrocarril de Júcaro a Morón, debido a que en el centro del pueblo fue construido el paradero o estación de Silveira, lo cual facilitaba el transporte de mercancía y mensajeros. Aunque existía un camino desde este lugar hasta la ciudad de Ciego de Ávila, el mismo se encontraba en muy malas condiciones y en época de lluvia era prácticamente intransitable, por lo que el ferrocarril monopolizaba todas las transportaciones hasta este lugar.
“Por este desarrollo que va adquiriendo el central Stewart y el poblado del Quince y Medio, la compañía norteamericana permite la fundación del Club Social del central Stewart, que contó siempre con la ayuda de Gumersindo Camacho, administrador de la entidad, quién fue desde el año 1927 el presidente de honor del mismo. El club era solamente para blancos de prestigio y empleados de confianza del ingenio, para la selección de los “socios”, entraban a jugar diferentes factores como: posición política y económica, rasgos físicos y vínculos con la raza negra”.
El desarrollo de este tipo de institución fue tan importante que los cronistas de la época señalaban que:…”En el central Stewart se ha de encontrar el viajero una capital en miniatura, donde resplandece una sociedad fina, culta y adinerada. El Club social es una demostración evidente. Quizás en la mayor parte de los pueblos de la República conozcan este centro social adonde acude un escogido grupo cuyo rasgo principal se encuentra en el espíritu de distinción que le anima y ennoblece.”
LA INMIGRACION HAITIANA
En las décadas iniciales de los años 1800 se conoce que llegaron los primeros inmigrantes haitianos a la isla, esa vez como esclavos de las dotaciones de colonos franceses.
Entre los años 1913-1921 embarcan hacia la Isla alrededor de 81000 haitianos como braceros para la zafra azucarera, que se asentaron fundamentalmente en las antiguas provincias del Oriente del país y del Camagüey. En este período vinieron hombres solos, del 1923 al 1927 ocurre otra gran oleada migratoria, en el cual ya se hacen acompañar de sus esposas, las que ayudaron a costear los gastos y la economía de la familia con su trabajo, Poco a poco se fue haciendo numerosa la familia con los hijos y nietos que iban naciendo en esta tierra.
El trabajo de educarlos y mantenerlos fue muy difícil debido a que se contaba con 7, 10, 12, 14, 18 y hasta 20 hijos que por demás también fueron creando sus familias. En los bateyes no había escuelas ni maestros, los centros educacionales quedaban muy distantes y los padres, tratando de proteger a sus hijos contra cualquier tipo de peligro, no los matriculaban.
No había tampoco el dinero para realizar esos gastos porque la enseñanza se pagaba, no era gratuita. El dinero que entraba en la casa no daba para comer, mucho menos para pagar los libros, las libretas, el maestro y cuantas necesidades se presentasen. Entonces se enseñaba por tradición oral, o de lo contrario un haitiano mayor enseñaba el creóle a su manera, sin método de estudio.
En aquel tiempo era obligatorio prepararse para laborar en el campo en el caso de los varones y para labores domésticas las hembras. Se pueden citar como familias de muchos hijos en estos lares las de: Juliana Baró, Emilia Luis, Ernesto Martínez, las hermanas: Cristina, Inés y Emelina Ramos Martínez; todas ellas hijas y descendientes de haitianos.
A pesar de todo ello se mantenía en la conciencia y en los sentimientos del emigrado una idea fija: regresar de nuevo a su tierra después de haber alcanzado progreso económico y posición decorosa que le permitiera disfrutar de buen reconocimiento y estatus social.
Estas ideas fueron tronchadas; en realidad no era tan fácil obtener trabajo y dinero como se decía en los rumores que escucharon en su país; se vieron envueltos en un callejón sin salida, no les quedaba otro remedio entonces que quedarse y aplatanarse en una tierra que poco a poco los fue aceptando como verdaderos hijos, como patrimonio de su cultura.
El deseo de regresar a Haití nunca desapareció de sus mentes y mucho menos de sus corazones.
De esta forma la inmensa mayoría de inmigrantes de esta etnia, que llegaron de Camphenague, Les Cayes, La Zil, San Lois, Tobec y de Puerto Príncipe, se asientan y van apareciendo sus agrupaciones en los poblados en la otrora región de Ciego de Ávila en los centrales azucareros: Stewart, Jagüeyal, Santo Tomás, Jatibonico, Algodones y Ciego de Ávila. Fueron utilizados como mano de obra para las actividades inherentes a la caña de azúcar y plantaron su semilla y su sudor en zonas apartadas de donde había una vida urbana rodeada de grandes negocios, en los bateyes cercano a los cañaverales.
Cuenta el longevo de 105 años, Antonio Guerrero Néstor (Edgard Guerrier, en creóle), quien fue Delegado ante el Cónsul de Haití en Cuba en la provincia de Camaguey para representar los intereses de los haitianos que vivían en los centrales azucareros, que: “Los haitianos, al igual que los gallegos e isleños, venían a Cuba en búsqueda de dinero pero, a diferencia de estos últimos, los haitianos vivían en pésimas condiciones en barracones. Después los barracones se forraron y comenzaron todos a vivir juntos y nada se perdía, se dormía en hamacas y en yaguas. Después, los hombres trajeron a mujeres haitianas e hicieron sus casitas de yagua, vivieron allí y después el dueño de la finca les comenzó a darles materiales para que ellos pudieran arreglar el barracón. Eso solamente no era así en el Quince y Medio, sino en todos los pueblos de Cuba.”
En el año 1919 se funda el Liceo, sólo para blancos, del que eran socios lo más “selecto” de la pequeña burguesía comercial y los colonos. Se llevaron a efecto las elecciones reglamentarias como establecían las leyes de aquella época.
Ya en 1927 existen tres sociedades divididas por la posición social y el color de la piel: El Club Social del central Stewart, el Liceo del Quince y Medio y la Sociedad “Mariana Grajales”.
También se dieron pasos importantes para fundar el Club de Jagüeyal, ocurrido años más tarde, el que organizó las fiestas del Palenque de Jagüeyal, lugar que tuvo importante trascendencia histórica en la lucha revolucionaria del año 1959. En el poblado de Júcaro se comenzaban también a desarrollar algunas actividades de tipo social patrocinadas por el gremio de la localidad que se aglutinaría posteriormente para celebrar los días 8 de septiembre, las fiestas en honor a la Virgen de la Caridad del Cobre, la que se sacaba en procesión por el mar sincretizándose con la Virgen María, madre de Dios.
Los lugares donde se fueron asentando los haitianos y sus descendientes se les denominaba como colonia cañera (el nombre de colonia venía desde el tiempo de los españoles) porque era propiedad de un terrateniente el cual se conocía por el sobrenombre de colono.
Las colonias en estos lugares se llamaron: La Carmita, El Porvenir, Andrés Morgado, Chiva o Lazo de Oro, La Caoba, Los Morenos, Don Simón, Área, Chivo, La Ofelia, Rasco, Isidoro, Dumoy, Domínguez, Eduviges, Venezuela, Caballé, Pitajones, La Americana, Josefina, Morenos en el Quince y Medio, Cesáreo, Robaina, Palma, Bravo, La Susana, Pina I, y Pina II, Castillo, Tres Bateyes, Brunes, Gato Prieto, Candita, La Ignacia y, Guiro, Patato, Hoyo de la Palma, Progreso y Palmarito.
Precisamente, Antonio Guerrero Néstor, que fue la personalidad más distinguida de estos asentamientos, desempeñó un papel muy importante en función de unificar la comunidad haitiana en esta zona. Señala que ellos no fundaron ninguna asociación, ni crearon ningún club; se mantuvieron alejados de cualquier tipo de organización que pudiera inmiscuirse en su cultura, en sus ritos, tradiciones, costumbres o religión; mantuvieron su cultura cerrada e impenetrable ante aquellos, que curiosamente querían saber lo que no se podía ni se debía decir. Utilizaban para ello la comunicación en creóle, su idioma natal, que por tradición oral fueron aprendiendo sus hijos y nietos. Hubo quien, ajenos a ellos, poco a poco pudo ganarse su amistad y aprendió de golpe y porrazo la lengua que cada vez se hacía común escuchar.
Ni los propios descendientes pudieron saber con claridad muchos de sus misterios, de sus secretos y de sus poderes para la adivinación en los cultos, los que gozaban de gran popularidad y de aceptación de las personas que vivían en el batey y sus alrededores, fundamentalmente de los blancos, que vieron en el haitiano al individuo con poder sobrenatural para la curación, la predicción del futuro y la protección de las grandes tragedias que pudieran sobrevenirle.
Entre los ritos religiosos practicados por esta comunidad se encontraban los bembés haitianos (festín que movilizaba a todas las personas que amaban a los haitianos, que eran muchas y creían en sus milagros), la ceremonia del vodú, y la semana santa, en la que se le rendía culto a los ancestros en su propia casa.
Los bailes de salón de corte francés constituían una forma refinada y culta de manifestarse en la sociedad, se hacía gala del buen vestir, de las buenas maneras, de la buena conducta y de las excelentes relaciones que existían entre las familias haitianas que eran invitadas con antelación a bailar en una glorieta destinada a tales efectos, ejemplo de ello lo constituyó la familia de Julia Martínez (en creóle, Neilá Chéri).
Las comidas de preferencia fundamentalmente se centraban en: el congrís de frijol negro, colorado o gandúl, y el arroz blanco, el potaje de frijol negro o colorado con dakey, la sopa de pan, la carne de cerdo, el pollo criollo, el pescado o el tazajo, la vianda hervida, que podía ser ñame, la yuca, el boniato, la calabaza, el quimbombó cosechado en las parcelas de tierra o en el “sitio” que poseían alrededor de la casa; también era común el dulce de fabricación casera: de calabaza china, el bombón, maní, ajonjolí, boniatillo, arroz con leche, coco; también se cocinaba el pan haitiano; los dulces se fabricaban fundamentalmente por mujeres y en abundancia para ir a vender a los cortes de caña donde laboraban los hombres; también hacían bebidas de gran sabor: el liké y el tiféi; se vendían las botellas de ron y de vino.
También se celebraban las fiestas del Primero de Enero, fecha de la independencia, triunfo de la Revolución de Haití en 1804. Ese día las familias se saludaban, los mayores aprovechaban para aconsejar a los niños y jóvenes de la familia acerca de lo que era bueno y malo, de lo que se debía hacer y lo que no se debía hacer, del sentido de la honradez, honestidad, seriedad, del respecto a la dignidad humana y la consagración al trabajo para poder vivir con la frente en alto sin abochornarse del sudor de sus manos y no del trabajo ajeno, porque robar era el acto más vergonzoso y abominable en que un hijo, nieto o pariente podía incurrir. Estos hechos no se aceptaba en la familia; se tomaba sopa de pan con calabaza, se le hacían regalos a los pequeños. Era un día singular que se iba de batey en batey para felicitar y saludar a otros paisanos, se le deseaba lo mejor, tranquilidad, bienestar, paz y prosperidad.
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