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domingo, septiembre 06, 2009


CARTA DEL CLUB DE AMIGOS DE LEOGANE, HAITI, AL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMERICA
(Fuente: http://www.demandfreetofive.org/articulo/1679/2009/09/carta-del-club-de-amigos-de-leogane-haiti-al-presidente-de-ee-uu.html)

Club des Amis de Cuba de Léogâne (C.A.C.L)
18 de agosto de 2009
Del Club de Amigos de Léogâne, Haití.

Al Presidente de EE.UU.
Exc. Señor Barack Hussein Obama

Exc. Señor Presidente:

El Club de amigos de Cuba de Léogâne. Haití, le saluda en hombre del pueblo haitiano. Igualmente le envía este mensaje con el objetivo de solicitarle que reflexione sobre el caso de los Cinco Héroes Cubanos detenidos ilegalmente en EE.UU. por la ex administración del presidente George W. Bush.

En el veredicto pronunciado por tres jueces de la Corte de Apelaciones de Atlanta, todo demostró que groseras violaciones fueron cometidas en contra de los Cinco cubanos. El 27 de mayo de 2005, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre Detenciones Arbitrarias, de la Comisión de Derechos Humanos, declaró que existía lo que podíamos llamar, privación arbitraria de la libertad en ese caso.

Señor Presidente, los miembros del Club de Amigos de Cuba de Léogâne, Haití, demandan de usted que haga una revisión de esta situación que el gobierno de Bush ignoró completamente. A partir de la negativa de la exministra del Sr. Bush, comprendimos que los Cinco Héroes fueron detenidos por causas políticas, y más aun, que han sufrido por ello la misma suerte que los delincuentes comunes, pues comparten las mismas celdas que ellos.

Señor Presidente, pensamos que es responsabilidad de su gobierno la de resolver este problema y de impedir que una cosa de tal magnitud se repita.

Esperando impacientemente la realización de otro proceso a fin de determinar que son inocentes, pues eso es lo que son.

Sírvase recibir Señor Presidente nuestros saludos más sinceros.

miércoles, octubre 24, 2007

GONZALO ALTIDO ALLINO, EL GUANTANAMERO RECUERDA UNA EPOCA

No pretendo contar un cuento ni escribir una historia. Simplemente narraré pasajes de mi vida como descendiente de haitiano en Cuba.

Nací el tres de diciembre de 1933 en una finca cañera llamada Manantial, formada aproximadamente por unas 27 caballerías, en el actual municipio de El Salvador, de la provincia de Guantánamo.


El dueño de la finca era Luis Faure, casado, y su esposa tenía otra finca más pequeña, de unas siete caballerías. Colindaba con las fincas cañeras San Manuel, al Este, San Felipe al Oeste, San Bartolo, al Norte y San Manuel al Sur. La finca tenía un mayoral, Felito, persona pacífica.

Soy hijo de Ceduan Artido Montera, rebautizado en Cuba como Eduardo, y de Angili Allinó Yebe, ambos nacidos en Port Salut, Haití. El llegó a Cuba en el 1914, los diez años de edad, y ella en el propio año en que nació, en 1925, los dos por Santiago de Cuba. De allí fueron a parar a Guantánamo, donde residieron hasta sus últimos días

En total fuimos siete hijos del matrimonio de ellos dos: seis varones (uno ya fallecido) y una hembra (fallecida).

También vinieron a Cuba una hermana y un hermano de mi padre y un hermano de mi madre, todos fallecidos ya.

Había una haitiana que hacía de comadrona. Su nombre: Cristina Semaná. Ella también nos cortó el ombligo a casi todos los jóvenes descendientes de haitianos nacidos en la zona. No tenía descanso. A veces era buscada a altas horas de la noche o de madrugada para atender a una parturienta.

En este lugar crecimos varios jóvenes en la misma época, unos 25 hijos de haitianos de más o menos la misma edad, éramos muy unidos. Allí también había jamaicanos que compartían con nosotros.

Nos reuníamos para ir a la escuela, en un lugar llamado Agapito, a tres kilómetros de donde yo vivía, pero a todos se nos hacía camino ir a ella. El dueño de aquella finca tenía cinco hijos (hembras y varones) y por eso accedió a que se instalara allí ese centro de enseñanza.

Cuando salíamos en el horario de receso nos íbamos hasta los campos de siembra cercanos a comer caña, guayaba, ciruela y otras frutas. que quedaba a cuatro kilómetros de distancia.

Jugábamos a la pelota, nos bañábamos en los pequeños arroyuelos de la zona y así pasábamos parte del tiempo que no dedicábamos a trabajar en el campo.

También íbamos a las fiestas de bembé y otros lugares.

En el lugar llamado Santa Rita se efectuaba bembés los días 16 y 17 de diciembre, celebrando la fecha de San Lázaro. Valentín estaba al frente de un bembé y un tal Yira atendía otro. Este último, tiempo después, en época de la lucha revolucionaria contra el dictador Fulgencio Batista, fue ejecutado por los rebeldes, ya que se dedicaba a chivatear a los revolucionarios y a gentes sencillas de la zona.

Otra fiesta que se celebraba era e 21 de abril, el día de San Anselmo. Se celebraban bautizos, corrida de caballos y bailes populares.

En contadas ocasiones nos íbamos para el cine -distante a cinco kilómetros- y, al regresar a nuestras casas, nos cambiábamos de ropa e íbamos directo para el corte de caña y aprovechar el tiempo nocturno o de madrugada, sin sol.

Más al Oeste de donde nací estaba el central Ermita (hoy Costa Rica), dirigido por Juan Linares, persona muy exigente. Los dueños, mister Randol, mister Elmo y mister Sam, eran norteamericanos. Allí quedaba el cine donde se daban funciones con dos filmes en cada tanda por diez centavos la entrada. Otro lugar al cual íbamos al cine era en Cuneira, a cinco kilómetros del lugar de residencia. Allí también acudíamos a jugar pelota, a escuchar música en la victrolas de los bares y a pasear por el andén ferroviario.

En otro sitio, llamado San Manuel, distante a dos kilómetros de mi zona, jugábamos a la pelota, íbamos a una pequeña presa donde nos bañábamos y bañábamos a los animales. Un carnero era dedicado a dar vueltas alrededor de la bomba mediante la cual les llegaba el agua a un tanque para su distribución entre los vecinos. Varios haitianos y jamaicanos residían en el lugar.

Asistíamos regularmente sábado y domingos a un bar nombrado “El Bayeye, donde había una victrola (o traganiquel). Su dueño se nombraba Erbidelio.

En una oportunidad se realizaba una fiesta en el local del sindicato y, de pronto, se produjo un accidente ferroviario. El tren cañero iba subiendo una pendiente y no la pudo rebasar. Le hicieron un corte pero la parte de atrás retrocedía y colisionó contra otro tren que estaba detenido en la distancia. Hubo un muerto y pérdidas materiales de consideración.

Cerca de mi casa vivía la familia de apellido Cruz. El viejo era una persona pacífica, muy tratable. Pero su mujer era agresiva. Tenían varios árboles de mango y los muchachos íbamos a buscar esa fruta y, en muchas ocasiones, ella nos lo negaba.

En otro lugar cercano, La Retranca, vivía una familia de apellido Acebal. Varios de sus muchachos iban con nosotros a la escuela y a jugar pelota.

Una familia adinerada, los Casal, poseían en la zona tiendas comerciales, camiones, una farmacia y también en Santiago de Cuba un almacén. Antes que ellos hubo una sociedad dominada por un tal Pedro Torrel, quien le vendió sus propiedades a los Casal.

La zona era asentamientos de varios haitianos en la década de 1930. Se dedicaban a cortar caña y a otras labores como trabajar en los campos de sembradíos de frutos menores.

Estaba Carlos, sobrino de Niní y de Fela. Niní tenía una finquita en el lugar conocido por La Victoria, y Fela otra en San Juan.

Más adelante quedaban San Bartolo Arriba y San Bartolo Abajo, asentamientos haitianos de cortadores de caña. Varias haitianas se dedicaban en ambos lugares la venta de dulces, pan, bacalao y otros alimentos de la culinaria haitiana.

Margarita, otra haitiana, y la familia de Ane poseían finquitas sembradas de caña.

Muchos de aquellos haitianos fueron repatriados a Haití en esa época de 1930, un grupo grande no quería irse. Fueron obligados, a una salida forzosa. Esto sucedió masivamente, al menos en dos oportunidades, según recuerdo.

Otro mayoral, Antonio María Alemañy, en el batey , era una persona muy popular en el territorio. Organizaba fiestas en su casa en las que participaban muchas personas distintas. No hacía distinción de clases.

El batey, distante unos dos kilómetros de donde vivíamos, se mantenía alegre. Residía allí muchas familias humildes, como los Pico, los Ventura, los Ruiz, los Aguilera, los Puebla, los Masso y tantas otras. Vivían varios haitianos y jamaicanos. Abundaban las muchachas bonitas. Se jugaba mucho a la pelota y se daban fiestas.

Vivían allí Cipriano Salazar, Panuncia, Arrastre, Lamotte y otros veteranos de la Guerra de Independencia. Lamotte acostumbraba a declarar que, si cuando el marine norteamericano ultrajó a José Martí subiéndose en su estatua en el Parque Central, en la capital del país, y orinarse desde allá arriba, él, en persona, lo hubiera matado por esa falta de respeto.

Al comenzar el período de cortes de caña todo se ponía en función de esa actividad. Era un martirio participar pues era prácticamente el único trabajo accesible para los haitianos. Se formaban discusiones y hasta broncas por tener un “cayo” de caña para participar en los cortes. Recuerdo una famosa riña de estas entre uno llamado Genaro y otro que no recuerdo su nombre. Aquello fue terrible entre esos dos hombres enredados por ganarse el derecho a trabajar en el corte de caña.

La vida nos obligaba a ello para enfrentar y sobrevivir aquella sociedad. En el llamado “tiempo muerto” compartíamos lo poco que teníamos. Se salía hacia las zonas cafetaleras, para participar en su cosecha, donde se pagaba muy bajo precio por cada lata del grano recogido.

Las injusticias con los haitianos eran de todo tipo.

Teodoro Martínez, un policía designado para aquella zona, se distinguía por su conducta abusiva y aprovechadora. Era hermano del mayoral Felito. En una oportunidad quiso abusar de su tío político, quien tuvo que guarecerse en casa de una familia vecina. Un haitiano empleado de la finca, llamado Luisma, intervino y protegió al perseguido.

El propio policía, impulsado por los chismes de su esposa acerca de problemas sobre animales que no quería que los amarraran en los pastos mejores, fue en una oportunidad a mi casa. Ofendió a mi padre y a un hermano mío. Eso provocó que se entablar una acción judicial, en aquel entonces en la ciudad de Santiago de Cuba, pero que finalmente todo quedó amañado a favor del policía y de su esposa.


Rancho Grande se llamaba el lugar donde había un centro comercial propiedad de la familia Casal. Allí había un mayoral llamado Montero, siempre de visita en el Cuartel de la Guardia Rural denunciando injustificadamente a las personas. Tenía su casa atrincherada, rodeada de una barrera con sacos de arena, y poseía un arma de fuego.

En una ocasión estábamos cortando caña en San Juan. Habían transcurrido varios días y no se recogía la caña cortada. Fui aproximadamente a la una de la tarde a hablar con el mayoral Montero para que nos mandara un camión para sacar la caña amontonada en el suelo. Lo encontré sentado en el portal de su casa. Lo saludé y le planteé el asunto. Con tono despectivo me respondió y negó lo que le estaba proponiendo. Su argumento: había que sacar primero la caña de la Compañía primero que la de los colonos.

Según versiones de la época, se decía amigo personal del dictador Fulgencio Batista. Fue ajusticiado en tiempos de Revolución por su mala conducta con los trabajadores.

sábado, enero 20, 2007

JORNADA`POR TRIOMPHE des RÉVOLUTIONS de LA HAÏTI ET de LA CUBA Beatriz Cortes Alfaro

La Havane, 16 ene (AIN) Une journée de bons accueils par les anniversaires du triomphe des révolutions haïtienne, en 1804, et une Cubaine, en 1959, les deux le premier de janvier, réalisent des descendants de Haïtiens résidés à la Cuba durant tout janvier.

Des offrandes florales devant les bustes de José Martí, Toussant Louverture et Alexandre Petion dans les parcs la Centrale et de la Fraternité, dans la capitale du pays, ils(elles) ont initié les célébrations qui s'étendent dans tout le pays sur des communautés de cet etnia assis dans Guantánamo, Saint-Jacques-de-Cuba, Camagüey et d'autres provinces.

Le 19 de ce mois on réalisera dans le siège de l'Association de la Caraïbe l'une de ces activités, qui embrasse un programme varié de manifestations de la culture haïtienne dans la plus grande Antilla.






GRAFICAS DEL ENCUENTRO DE DESCENDIENTES DE HAITIANOS CELEBRANDO TRIUNFOS DE LAS REVOLUCIONES DE HAITI Y DE CUBA

JORNADA`POR TRIUNFO DE REVOLUCIONES DE HAITI Y DE CUBA
Beatriz Cortes Alfaro

La Habana, 16 ene (AIN) Una jornada de festejos por los aniversarios del triunfo de las revoluciones haitiana, en 1804, y cubana, en 1959, ambas un primero de enero, realizan descendientes de haitianos radicados en Cuba durante todo el mes de enero.

Ofrendas florales ante los bustos de José Martí, Toussant Louverture y Alexander Petion en los parques Central y de la Fraternidad, en la capital del país, iniciaron las celebraciones que se extienden por todo el país por comunidades de esa etnia asentados en Guantánamo, Santiago de Cuba, Camagüey y otras provincias.

El día 19 se realizará en la sede de la Asociación del Caribe una de estas actividades, la cual abarca un programa variado de manifestaciones de la cultura haitiana en la Antilla mayor.

La Casa de la Cultura de Centro Habana acogió esta semana a representantes de los distintos municipios capitalinos que degustaron comidas típicas y danzaron al compás de las músicas de Haití y Cuba.

A través de los años se han ido sedimentando en la realidad cubana los elementos y valores de toda naturaleza proveniente de los haitianos, convirtiéndose en parte inseparable del desarrollo integral de toda la sociedad.

Con los cambios sociales ocurridos en territorio cubano a partir de 1959, los haitianos y sus descendientes residentes aquí fueron beneficiados por las conquistas revolucionarias y han mostrado ser fieles cumplidores de los compromisos y deberes que este proceso les genera.

Actualmente se desarrollan diversas investigaciones e intercambios de experiencias con la propuesta de un censo específico entre esta etnia con el propósito de alcanzar una integral caracterización de las expresiones de lo haitiano en la dimensión cultural del pueblo cubano.
bca ray cmb ipp 06 14:21